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La Sexualidad

Algunas Concicciones Comunes

 

Sexuality: Some Common Convictions
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Adoptado por el Consejo de la Iglesia Evangélica Luterana en América el 9 de noviembre de 1996.Los mensajes de la Iglesia Evangélica Luterana en América, adoptados por el Consejo Eclesial, tienen la intención de enfocar la atención y la acción en cuestiones oportunas y urgentes que conciernen a esta iglesia y sociedad. Estos no establecen una nueva norma para esta iglesia, sino que se basan en normas previamente adoptadas, especialmente las de los pronunciamientos sociales.1

El más amplio contexto de este mensaje es el continuo fermentar en nuestra sociedad con relación a la sexualidad y al comportamiento sexual. El contexto más específico es la considerable cantidad de diálogo y debate que ha ocurrido en la Iglesia Evangélica Luterana en América durante los pasados años como respuesta a tres documentos de estudio sobre la sexualidad.2 Las diferencias y los desacuerdos a veces fueron marcados, especialmente con relación a la homosexualidad. Se pospusieron los planes de presentar un pronunciamiento social sobre la sexualidad ante la Asamblea Bienal de la IELA de 1995. Sin embargo, estas discusiones también indicaron que en muchos aspectos de la sexualidad existen convicciones ampliamente marcadas. En 1995 un reporte a la Asamblea Bienal de la IELA y una acción por parte su Consejo Eclesial hicieron un llamado al desarrollo de un mensaje sobre la sexualidad que hiciera incapié en "aquellas áreas en las cuales parece existir un consenso dentro de esta iglesia."

Este mensaje constituye los pronunciamientos eclesiales predecesores,3 como también las acciones de la Iglesia Evangélica Luterana en América. Presenta algunas convicciones con relación a la sexualidad sobre la cual generalmente suele haber una concordancia teológicamente basada dentro de esta iglesia. No es un pronunciamiento social, tampoco debe entenderse como un vehículo dirigente hacia nuevas normas. Su propósito es el proveer guía a los miembros de nuestra iglesia, y un testimonio público en la sociedad en general.

La Creación de Dios y la Nueva Creación
La Escritura es la fuente y la norma de nuestra proclamación, de nuestra fe y de nuestra vida como iglesia. En la Escritura leemos que Dios creó a la humanidad masculina y femenina y "vio que todo lo que había hecho estaba muy bien" (Gn 1:27-31).

La sexualidad es un aspecto misterioso de por vida dentro de las relaciones humanas. A través de la sexualidad, los seres humanos pueden experimentar un profundo gozo, propósito e unidad, como también un grave dolor, frustración y división.La sexualidad humana fue creada buena para los propósitos de expresar amor y engendrar vida, para una compañía y placer mutuos. Pero ha sido dañada por el pecado, que nos aparta de Dios y de los demás. Esto tiene como resultado expresiones de sexualidad que dañan a personas y comunidades.Debido a que la sexualidad humana es una fuerza fundamental y poderosa en la vida personal y comunal, tanto la iglesia como la sociedad buscan el ordenar las expectativas y la expresión sexuales. La Ley Divina sirve a este propósito proveyendo dirección y desenmascarando la maldad. Por ejemplo, los Diez Mandamientos (Ex 20:1-17) tienen implicaciones acerca de la sexualidad:  

  • la sexualidad se coloca en perspectiva (Primer Mandamiento)
  • las relaciones familiares deben de honrarse y cultivarse (Cuarto Mandamiento);
  • el matrimonio se defiende y se apoya como una unión sagrada y una institución social (Sexto Mandamiento);
  • decir la verdad es esencial en toda relación (Octavo Mandamiento);
  • se condena el deseo sexual que aleja a uno de su cónyuge o familia (Décimo Mandamiento).

La muerte y la resurrección de Cristo inauguraron la nueva creación de Dios. Los cristianos entramos dentro de esta nueva creación y "morimos" al pecado por medio del bautismo. Así como Cristo fue resucitado, también nosotros caminamos en una nueva vida (Ro 6:1-4). Como seres sexuales, somos llamados a una vida de libertad responsable en la nueva creación de Dios, mientras que todavía luchamos con cómo nuestra sexualidad está cautiva del pecado. Vivimos en la tensión entre la era antigua del pecado, de la esclavitud y la muerte, y la nueva era de la gracia, la promesa y la libertad del Evangelio.

Para los cristianos, el cuerpo humano es "templo del Espíritu Santo" (1 Co 6:19-20). Al vivir en el poder del Espíritu, somos llamados a evitar comportamientos que nos dañen o desvaloricen a nosotros mismos o a los demás, tales como inmoralidades sexuales (1 Co 5:9-11; 5:19-21). Por medio de palabras y acciones, los cristianos buscamos fortalecernos los unos a los otros y a toda la comunidad cristiana. La ley del amor—"Ama a tu prójimo como a ti mismo" (Ro 13:8-10; Gá 5:14)—vincula a todos los cristianos juntos, en anticipación de la plenitud del reino de Dios.

Por medio del bautismo, somos recibidos en el cuerpo de Cristo y somos bienvenidos a la familia del Señor.4 El abrazo compasivo de Dios por medio de Cristo es la esencia de la bienvenida de la iglesia a todos a que participen juntos en su vida. Conscientes del pecado al cual todos sucumbimos, los cristianos somos llamados a:  

  • respetar la integridad y la dignidad de todas las personas, cualquiera que sea su edad, sexo, orientación sexual o estado marital;
  • discernir y proveer dirección para lo que significa vivir responsablemente como seres humanos;
  • apoyar por medio de la oración y consejería a quienes se enfrentan a interrogantes sobre su sexualidad;
  • sanar a quienes han sido abusados o violados, o cuyas relaciones están destrozadas.

Vivimos en varias relaciones, todas de las cuales están afectadas por aspectos fisiológicos, psicológicos y sociales de nuestra identidad sexual. Personas de todas las edades necesitan información y experiencia para comprender y vivir responsable-mente su identidad sexual en las variadas relaciones de sus vidas—como hijos, padre o madre, hermana o hermano, cónyuge, amigo, compañero de trabajo, vecino o persona desconocida. Esta iglesia afirma la importancia de ordenar a la sociedad y educar a tanto jóvenes como adultos, para que todos puedan vivir en estas relaciones con respeto y responsabilidad mutuos.

Personas adultas solteras
Las personas adultas solteras varían ampliamente en edad y circunstancias de vida. Algunas personas intencionalmente escogen permanecer solteras, lo cual San Pablo lo encomienda como una vocación cristiana (1 Co 7:8, 32-35). Otros añoran estar casados. Para muchos adultos, la soltería es un período de tiempo temporal antes del matrimonio. Sin embargo, otros vuelven a ser solteros después de haber estado casados.

La iglesia debe ser una comunidad amorosa y sustentadora para las personas solteras. El lenguaje y las prácticas que les humillen o excluyan deben evitarse. Esta iglesia busca ser un lugar donde, como seres sexuales, las personas adultas solteras puedan encontrar dirección a sus temas espirituales, éticos, psicológicos y sociales en particular. El saber que Dios les ama puede ayudar a las personas solteras a aceptarse a sí mismas y a los demás. Como una comunidad que brinda apoyo y sanación, la aceptación y sustento de la iglesia hacia las personas solteras son importantes en momentos en los que ellos pasan por etapas de crecimiento, cambio y desilusiones en sus relaciones.

Matrimonio
El matrimonio es un pacto de toda una vida de fidelidad entre un hombre y una mujer. En el matrimonio, dos personas se convierten en "una sola persona" (Gn 2:24; Mt 19:4-6; Mr 10:6-9; Ef 5:31), una unión personal y sexual que personifica el propósito amoroso de Dios de crear y enriquecer la vida. Por medio del don del matrimonio, Dios "fundó la comunidad humana en un regocijo que empieza ahora y es llevado a la perfección en la vida por venir."5

El matrimonio provee una estructura de seguridad y estabilidad, de la cual los esposos pueden disfrutar plenamente y arriesgarse a expresarse sexualmente. El contrato legal obligatorio del matrimonio refuerza su "poder de duración" cuando se ve amenazado por el pecado. Dentro del matrimonio, los cónyuges pueden aprender a profesarse un amor mutuo y fiel.

Los cristianos añoran matrimonios amorosos y renovadores. En la intimidad del matrimonio, los esposos pueden aprender a compartir sus sentimientos y sus temores, a escuchar profundamente, y a respetar las diferencias de su pareja. El ser amado y aceptado por Dios les ayuda y les acepta el uno al otro. En vez de que uno domine al otro, cada cónyuge busca fortalecer y alentar a su pareja.

Todos los matrimonios no cumplen con entereza sus intenciones. Algunos matrimonios no son espacios seguros, sino sitios donde se abusa al cónyuge o a los hijos. Muchas veces no existe intimidad ni placer sexual. Un matrimonio crece y cambia con el transcurso del tiempo a través de experiencias humorísticas y alegres, quebrantadoras y sanadoras, de fracaso y logros, de perdón y renovación.

En el crecimiento durante los cambios y las desilusiones del matrimonio, es importante la consejería y el apoyo de la Iglesia. Una instrucción premarital puede ayudar a la pareja a prepararse para el pacto al cual están entrando. Durante los primeros años de un matrimonio, la guía y el apoyo de la comunidad cristiana pueden ayudar a la pareja a ajustarse y a fijar patrones saludables en su relación. Aquellas personas casadas más recientemente pueden aprender mucho de aquellas cuyos matrimonios han crecido y han pasado la prueba del tiempo. Durante todo matrimonio, el ministerio de la Iglesia debe ayudar a la pareja a discernir y a enfrentar sus defectos, y a buscar el perdón, la reconciliación y la nueva vida.

El propósito del matrimonio va más allá de la intimidad y la compañía que provee a la pareja. La comunidad en general está simbólicamente presente cuando una pareja públicamente intercambia sus promesas. Los testigos se comprometen a apoyar al matrimonio, y a quienes intercambian las promesas se les recuerda que su matrimonio afectará a la comunidad en general. Ellos deben de extenderse entre sí por el bien de los demás.

Procreación y crianza responsables
El concebir, dar a luz, adoptar y criar a los hijos pueden ser formas maravillosas y arduas a través de las cuales una pareja participa en la creación de Dios y la nueva creación. El coito entre una mujer y un hombre puede hacer nacer el misterio de una vida humana. Las nuevas tecnologías que trabajan con la reproducción han abierto mayores posibilidades de concebir y dar a luz hijos. Sin embargo, tales tecnologías también pueden plantear cuestiones de ética complejas.6 Esta iglesia busca ser una comunidad que provee apoyo espiritual y que ayuda a las personas en sus deliberaciones en estos asuntos.

Cuando una mujer y un hombre unen sus cuerpos sexualmente, ambos deben estar preparados para mantener a un niño, si llegase a ocurrir la concepción. Cuando esa no es la intención de ninguno de los dos, entonces se espera el uso responsable de anticonceptivos, tanto por el hombre como por la mujer.7 También se debe mostrar respeto y sensibilidad hacia aquellas parejas que no sienten el llamado de concebir o criar hijos, o quienes no pueden hacerlo.

A medida que los niños y los jóvenes crecen en su identidad bautismal, es importante que ellos aprendan a amarse y respetarse unos a otros y al poder de su sexualidad. Los jóvenes necesitan el apoyo y la guía de la iglesia para resistir las presiones culturales y de sus compañeros que fomentan el coito antes del matrimonio. Se recomienda tener diálogos abiertos y honestos sobre preguntas relacionadas con la sexualidad, en maneras que comuniquen la guía de Dios, el perdón, y un cuidado constante. Como una iglesia, afirmamos la importancia de la educación sobre la sexualidad que enfatice el respeto, la mutualidad, la responsabilidad y la abstinencia fuera del matrimonio. Tal educación debe empezar en el hogar, y continuar en las congregaciones, escuelas y otros ambientes comunitarios.

La crianza de los hijos requiere un ambiente seguro y estable de apoyo y educación social, espiritual y material. Una buena crianza de los hijos puede ocurrir en diferentes convenio de crianza; es más probable que ocurra dentro del contexto de un matrimonio perdurable y lleno de amor con el apoyo de los familiares, la congre-gación y la comunidad. Si un matrimonio termina, ambos padres asumen la responsabilidad continua para el bienestar de sus hijos.

El fin de un matrimonio
Desafortunadamente, algunos matrimonios terminan en un divorcio. El divorcio es algo trágico, una consecuencia de la maldad humana. Es una ruptura grave en la comunidad que Dios propone para el matrimonio (Mr 10:9). Sin embargo, en algunas situaciones el divorcio puede ser la mejor opción. El continuar algunos matrimonios puede ser destructivo y abusivo para quienes están involucrados. En tales circunstancias, las personas involucradas deben examinar sus responsabilidades en la ruptura del matrimonio. La confesión y el perdón de Dios brindan sanación y vida nueva a las personas que pasan por un divorcio.

La iglesia está llamada a proclamar la intención de Dios de permanecer en matrimonio y de ministrar compasivamente a quienes sufren como resultado de un divorcio. La iglesia debe ser una comunidad de cuidado y esperanza para quienes se divorcian, en vez de culpar, condenar al ostracismo o ser indiferente a sus necesidades. El Evangelio promete sanación por medio de la presencia del Espíritu Santo en el ministerio de Palabra y Sacramentos de la Iglesia.

El casarse nuevo puede ser una oportunidad para usar la sabiduría adquirida en el pasado para crear una nueva relación de compromiso fundado en el amor y la alegría. Aquellas personas que estén considerando contraer matrimonio una vez más, deben buscar la consejería de pastores y profesionales que les permitan evaluar sus matrimonios anteriores, y prepararse para los retos únicos a los que se enfrenta un nuevo matrimonio y una nueva familia.

Algunos Malos Usos de la Sexualidad
El pecado viola el propósito que Dios tiene de la sexualidad. Este daña y degrada a las personas y a las relaciones. Esta iglesia se opone a...

Adulterio: En el adulterio, uno abandona el pacto sagrado hecho a su cónyuge y llega a tener intimidad con otra persona. El adulterio es pecaminoso porque aniquila la confianza entre dos personas, rompe su enlace matrimonial, y viola al otro cónyuge. Cuando se hace de manera secreta, también puede implicar engaño, mentira e hipocresía. Solamente el arrepentimiento, las obras honestas, el perdón, la reconciliación y el poder del Espíritu Santo pueden sanar estas heridas.

Abuso: El abuso puede ser físico, verbal, psicológico o emocional. El abuso sexual es el uso pecaminoso del poder para dominar o controlar a la otra persona sexualmente. Las víctimas del abuso son vulnerables debido a su edad, posición, condición física o emocional. Todas las formas de abuso son pecaminosas—sea heterosexual o homosexual, sea por uno de los cónyuges, miembro de la familia, persona en un puesto de autoridad, pretendiente, persona conocida o desconocida.

  • La violación sexual y otras formas de actividad sexual no consensual son pecaminosos—ya sea que suceda en el hogar, en una cita, en el lugar de trabajo, en la calle o en una prisión. La coacción, las amenazas, la intimidación y la manipulación son respuestas inapropiadas a un "no."
  • La buena fe y la confianza se traicionan cuando una persona de edad o posición social más avanzadas manipula a otra menor o más vulnerable a tomar parte en actos sexuales. Tales actos no son mutuos debido a las diferencias de poder envueltas. Esto incluye el abuso sexual a niños y la explotación sexual de clientes por parte de profesionales o feligreses por parte del clero. Aquellas personas que tomen parte en este tipo de conducta pecan en contra de Dios y en contra de las personas que son sus víctimas.
  • El acoso sexual es otra manera en que se utiliza a la sexualidad para hacer daño o controlar. Las palabras o el comportamiento de acoso interfieren con la interacción saludable y crean un ambiente ofensivo, hostil o intimidante en el cual se trabaja, se aprende, se vive o se ora. Todas las formas de acoso verbal o físico son pecaminosas y deben ser confrontadas.

Promiscuidad: El tener relaciones sexuales de manera casual es pecaminoso ya que esto no proviene de o contribuye al respeto, intimidad y cuidado de la pareja. La promiscuidad es inconsistente con nuestra identidad como cristianos (1 Co 6:12-20). El ser sexualmente activo para estar de moda o sólo para gratificar el deseo sexual es moralmente erróneo.

Prostitución: La prostitución es pecaminosa porque implica la compra y venta, en forma casual, de "sexo," muchas veces en maneras denigrantes y explotadoras. Las personas prostitutas y sus clientes ponen en peligro su propia salud y la de los demás. Por lo general, la prostitución surge de y contribuye a un ciclo de dificultades personales, económicas y sociales. Esta iglesia aborrece el dramático ascenso mundial en el "tráfico de sexo" de jovencitos y jovencitas, que son explotados sexualmente por adquirir ganancias económicas.

Prácticas que esparcen enfermedades transmitidas sexualmente: El contacto sexual de una manera irresponsable y sin protección puede exponer a los compañeros sexuales a enfermedades transmitidas sexualmente que son incurables y mortales. Las prácticas sexuales que resulten en daño físico a otra persona son pecaminosas y deben contrarrestarse. La educación sobre la sexualidad debe enfatizar la monogamia, la abstinencia y la conducta sexual responsable, como también las prácticas que tengan la intención de prevenir la transmisión de la enfermedad durante el coito. Esta iglesia apoya los esfuerzos para prevenir, curar y cuidar de aquellas personas que padecen tales enfermedades.8

Pornografía: La pornografía es pecaminosa porque representa a la sexualidad en maneras que son violentas o denigrantes. Afirma que el placer sexual procede del humillar, explotar o destruir la resistencia de la persona. A los seres humanos se les trata como objetos de lujuria. Quienes posan para tal material, quienes lo ven, y el público general se convierten en víctimas de la pornografía.9 Las representaciones positivas de la sexualidad humana, la aceptación de la sexualidad de uno mismo y el cultivo de actitudes sexuales sanas ayudan a resistir las tentaciones de la pornografía.

Sexualidad en la comunicación y la publicidad: Gran parte de los medios de comunicación en la actualidad contienen referencias sexuales explícitas y un comportamiento que enfatiza la gratificación sexual aparte del matrimonio. Los estereotipos dañinos de la sexualidad masculina y femenina también se perpetúan. Los anunciantes utilizan la atracción de la sexualidad para vender productos. La sexualidad llega a estar cautiva de los intereses del dinero, el poder y la posición social. Tal manipulación de la sexualidad es pecaminosa y esta iglesia se opone a ello. Esta iglesia fomenta los medios que comuniquen expresiones de sexualidad que honren al matrimonio y que promuevan respeto, responsabilidad y compromiso mutuamente.

Aunque esta iglesia se opone vigorosamente al abuso de la sexualidad, no todo lo que se considera pecaminoso puede necesariamente ser considerado una ofensa civil.10 Esta iglesia apoya las normas y las leyes que promuevan la justicia, la misericordia, la igualdad de oportunidad y la protección de los derechos humanos básicos.11

El Poder Sustentador de la Gracia de Dios
Como cristianos luteranos, buscamos la voluntad de Dios para la expresión sexual mientras que a la vez mantenemos la gracia de Dios en el centro de nuestra vida cotidiana. Esto significa el comprender todos nuestros compromisos unos con otros—incluyendo las relaciones sexuales—con un sentido de que nuestra vida es un don, con la ayuda de Dios para mantener nuestras promesas, y con un profundo sentido del pecado que persiste. Las misericordias de Dios nos sustentan y socaban continuamente cualquier simple división de los justos y los injustos (Ro 1:18-3:20).

En algunos asuntos de la sexualidad, existen fuertes y continuas diferencias entre nosotros. A medida que discutimos áreas en las cuales no estamos de acuerdo, el poder del Espíritu Santo puede guiarnos y unirnos. La confianza en el Evangelio une a las personas cuyas diferencias sobre la sexualidad no debieran ser una base de división. Oramos por la gracia para evitar hacer un juicio injusto de quienes diferimos, la paciencia para escuchar a las personas con quienes no estamos de acuerdo, y el amor para llegar hasta las personas de quienes podemos estar dividos.

A un mundo obsesionado con la auto-satisfacción sexual, dividida por las diferencias en la sexualidad, y cansado de cómo se abusa a la sexualidad, el mensaje de la gracia de Dios ilumina nuestras cargas, eleva nuestros espíritus, renueva nuestros compromisos y nos recuerda la base más profunda por el respeto mutuo: El amor de Dios que tenemos en Cristo Jesús.

Notas al Calce
1. De los documentos: Messages on Social Issues, [Mensajes sobre Temas Sociales; disponible en inglés solamente] según adoptados por el Consejo de Eclesial de la IELA en 1989.

2. Human Sexuality and the Christian Faith [La Sexualidad Humana y la Fe Cristiana. Estudio disponible en inglés solamente de la División para la Iglesia en la Sociedad de la IELA, 1991]; La Iglesia y la Sexualidad Humana: Una Perspectiva Luterana (Primer borrador de un pronunciamiento social; División para la Iglesia en la Sociedad de la IELA, 1993); La Sexualidad Humana: Borrador de Trabajo (Un posible pronunciamiento social; División para la Iglesia en la Sociedad de la IELA, 1994) También ver, A Collection of Responses from ELCA Academicians and Synodical Bishops to ‘The Church and Human Sexuality: A Lutheran Perspective’ [Una Colección de Respuestas de parte de Académicos de la IELA y Obispos Sinodales a La Iglesia y la Sexualidad Humana: Una Perspectiva Luterana. Solamente en inglés; División para la Iglesia en la Sociedad de la IELA, 1994]. Ninguno de los documentos anteriores ha sido adoptado por la Iglesia Evangélica Luterana en América.

3. Sex, Marriage, and Family [Sexo, Matrimonio y Familia. En inglés solamente; Iglesia Luterana en América, 1970]; Human Sexuality and Sexual Behavior [La Sexualidad Humana y el Comportamiento Sexual. En inglés solamente; Iglesia Americana Luterana, 1980]; Teachings and Practice on Marriage, Divorce, and Remarriage [Enseñanzas y Práctica sobre el Matrimonio, Divorcio y Segundos Matrimonios. En inglés solamente; Iglesia Americana Luterana, 1982].

4. Holy Baptism [El Santo Bautismo; en inglés] Lutheran Book of Worship, (Minneapolis: Augsburg; Philadelphia: Board of Publication, 1978), 125.

5. Marriage [El Matrimonio; en inglés] Lutheran Book of Worship, 203.

6. En folletos separados de Procreation Ethics Series [Serie basada en la Ética de la Procreación; en inglés solamente, 1986], autores individuales formulan algunas consideraciones relacionadas con la inseminación artificial, diagnosis prenatal, método de fertilización en vitro, y el substituto a la maternidad.

7. El Aborto, un pronunciamiento social de la Iglesia Evangélica Luterana en América (1991).

8. Ver el Mensaje de la IELA, titulado: El Sida y el Ministerio Compasivo de la Iglesia, 1989.

9. Pornography [La Pornografía; en inglés solamente] es un pronunciamiento social de la Iglesia Americana Luterana (1985).

10. Esta distinción se ha hecho en muchos documentos luteranos, tales como El Aborto (1991).

11. Human Sexuality and Sexual Behavior [La Sexualidad Humana y el Comportamiento Sexual; en inglés solamente], pág.7.

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