Sexualidad humana: don y confianza
Propuesta para un pronunciamiento social por parte del Grupo de Trabajo para los Estudios de la IELA sobre la Sexualidad
I Introducción
Al invitarle a contestar la pregunta: “Maestro, ¿cuál de los mandamientos de la ley es el más importante?” Jesús contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primer y más grande mandamiento. Y el segundo es como el primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. (Mateo 22:36-40). La comunidad cristiana responde a estos mandamientos con la confiada esperanza que por la sola gracia de Dios somos liberados y liberadas para adorar a Dios y amar a nuestro prójimo.
Este pronunciamiento social se dirige a la siguiente pregunta: ¿cómo entendemos la sexualidad humana dentro del contexto de la invitación de Jesús a amar a Dios y amar a nuestro prójimo? (Romanos 13:9-10; Gálatas 5:14).
II Una aproximación específicamente luterana
Nuestra primera respuesta a esta pregunta es recordar que, como luteranos y luteranas, somos herederos y herederas de una rica tradición teológica que nos ayuda a discernir cómo vivir con fe en un mundo complejo. Nuestro punto de partida es la interpretación fundacional luterana de que leemos y entendemos la Biblia a la luz de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo. Esta "buena nueva" del Evangelio de que somos liberados del cautiverio del pecado (justificación por gracia por medio de la fe en Cristo) nos permite responder a la misericordia de Dios por medio del amor y servicio al prójimo 1 (nuestra vocación en el mundo).
Como luteranos y luteranas, que entienden que el futuro prometido por Dios es la transformación de toda la creación, creemos que el Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, está comprometido de manera profunda y relacional en la creación continua del mundo. Anticipamos y vivimos los valores de este futuro prometido de manera concreta en el presente. Es por lo tanto, en medio de la vida cotidiana del mundo, que estamos llamados a la tarea vocacional de servir al prójimo.
Fundamental para nuestra vocación, en relación con la sexualidad humana, es la cimentación y protección de la confianza 2 en las relaciones. Como pecadores y pecadoras justificados y perdonados, nuestros esfuerzos por crear confianza son una respuesta a la relación de fidelidad (digna de confianza) y amor de Dios por el mundo en Cristo. Estamos llamados y llamadas, por lo tanto, a ser dignos de confianza en nuestra sexualidad humana y a crear instituciones y prácticas sociales donde puedan prosperar la confianza y las relaciones dignas de confianza.
Justificados por gracia, por medio de la fe
Como luteranos y luteranas, creemos que estamos justificados por gracia por medio de la fe. Las Confesiones Luteranas nos guían en nuestro entendimiento de la justificación al identificar tres afirmaciones que se entrecruzan: solus Christus, sola gratia y sola fide. (Solo Cristo, Sola Gracia y Solo por Fe). 3 Profundamente cimentadas en las Escrituras que se entienden como la Palabra viva de Dios, juntas proclaman la centralidad de Jesucristo para los Evangelios:
- Solus Christus (Solo Cristo) insiste en que el propósito de las Escrituras es revelar a Jesucristo como Salvador del mundo. Las Escrituras se deben interpretar a través del lente de la muerte y resurrección de Cristo para la salvación de todos.
- Sola gratia (Sola Gracia) afirma que somos salvados sólo por la gracia. Como con solus Christus, sola gratia significa que no hay nada que pueda hacer una persona con sus acciones para crear la adecuada relación con Dios. Sólo la gracia de Dios puede hacerlo.
- Sola fide (solo por fe) afirma que, oyendo la Palabra de Dios, el Espíritu Santo enciende la fe (confianza) en Dios en nuestro interior.
Estos tres énfasis también nos dicen que el pecado no tiene sencillamente que ver con respetar o romper reglas o leyes. Más bien pecamos cuando nos apartamos de Dios y dirigimos la vista hacia nosotros mismos. El pecado nos acerca a una preocupación obsesiva por nosotros mismos, con consecuencias desastrosas para nosotros y para las demás personas.
Por lo tanto vivimos en la paradoja que en nuestra sexualidad, como en otros aspectos de la vida, siempre encontramos tanto nuestro propio pecado como la gracia de Dios. Es sólo por medio de Cristo que podemos pasar con fe a confiar en Dios, lo cual nos conduce inmediatamente a nuestra vocación bautismal de amar y servir al prójimo.
Libertad cristiana al servicio del prójimo
Los luteranos y luteranas no son reacios a vivir con confianza dentro de las realidades difíciles, complejas y ambiguas de la vida cotidiana. Los y las luteranas entienden que el compromiso activo en el mundo es parte integral de la identidad cristiana. Pueden permanecer confiados en Cristo en medio de las confusiones, la falta de claridad y los esfuerzos que implican el llamado de Dios. “Si en nuestras propias fuerzas confiáramos”, cantaba Lutero, “nuestros esfuerzos se perderían”. En Cristo, "como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros" (2 Corintios 5:20; 1 Pedro 4:11). La teología luterana nos prepara precisamente para mantener en tensión creativa las paradojas y complejidades de la situación humana. Es también el caso con respecto a la sexualidad humana. Dios ha creado a los seres humanos como parte de la totalidad de la creación y con la intención de que vivamos activamente en el mundo (Romanos 12-13; Efesios 5-6).
En su carta a las y los Gálatas, Pablo testifica que el fundamento de la identidad cristiana es aquello que Dios ha hecho por nosotros por medio de Cristo (Gálatas 2:20; 3:24-28). Lutero se hace eco de esta afirmación en su tratado, “The Freedom of the Christian" [La Libertad Cristiana] arguyendo que las personas cristianas son radicalmente liberadas por el Evangelio y, al mismo tiempo, están llamadas a servir al bien del prójimo:
El cristiano es libre señor de todas las cosas y no está sujeto a nadie.
El cristiano es servidor de todas las cosas y está supeditado a todos. 4
Lutero creía que estas dos afirmaciones eran la clave para entender la totalidad de la vida cristiana en el mundo. Siguiendo a Pablo, entendía la libertad como la base para la vida y ética cristianas. 5 Lutero creía que este entendimiento de la libertad cristiana surgía de la doctrina de la justificación como aquella que “preserva y guía todas las enseñanzas de la iglesia y determina nuestras conciencias ante Dios”. 6
En otras palabras, como somos radicalmente libres en Cristo, estamos llamados en esa libertad a amar y servir a nuestro prójimo como Cristo nos amó y nos sirvió (Gálatas 5:1; 5:13). Sólo en esta libertad, con relación a las preocupaciones por nosotros mismos y de las vergonzosas y aplastantes cargas frente a la perfección de la Ley de Dios, puede ser posible la preocupación por nuestro prójimo.
La interpretación teológica luterana de la salvación de Dios y de nuestra total dependencia de la gracia de Dios, basada como está en las Escrituras (Romanos 3:21-26; Efesios 2:8-10) tiene implicaciones cruciales para la ética y discernimiento cristiano:
- Al enfatizar que la salvación no es una recompensa por un comportamiento moralmente aprobado, la teología luterana enseña que la salvación se produce únicamente por medio de la gracia de Dios y no depende de la acción humana. Recibimos en confianza, como declara Pablo, "esta justicia de Dios (que) llega, mediante la fe en Jesucristo, a todas las personas que creen" (Romanos 3:21-22).
- Justificadas por la fe, las personas luteranas entienden que por el don de Dios, su libertad en Cristo conduce a una vocación de servicio responsable y humilde al prójimo (Romanos 13:8-10).
- Nuestra vocación de servicio nos conduce a vivir nuestras responsabilidades principalmente a la luz de y en respuesta a las necesidades del prójimo, con frecuencia en situaciones complejas y, en ocasiones, trágicas.
- La misericordia y compasión de Dios infunden en nosotros la capacidad de simpatizar con las demás personas pues “el amor de Cristo nos obliga” (2 Corintios 5:14). Nos enseñan a caminar los unos con los otros con alegría, humildad y atento cuidado.
- El amor de Dios y al prójimo, hecho realidad tan sólo por la fe, son los dos mandamientos por los que Cristo nos enseñó a medir e interpretar todos los demás mandamientos en las Escrituras (Mateo 22:36-40).
La creación continua de Dios
Las personas cristianas creen que Dios es el creador de todo lo que existe y ¡que esta obra continua es buena, buena y muy buena! (Génesis 1:31). Ambas narraciones de la actividad creadora de Dios en el libro de Génesis (Génesis 1 y 2) revelan la bondad de Dios y su deseo de una relación estrecha con los seres humanos como parte integral de su obra continua de creación. En Génesis 1, este deseo se expresa en la creación de la humanidad —hombres y mujeres— a imagen de Dios. En Génesis 2, esa relación estrecha se revela cuando Dios recoge un poco de barro y le insufla vida para formar la humanidad. Como señal de confianza personal, el Creador incluso confía a los seres humanos la tarea de poner nombre y cuidar a los habitantes de la Tierra que Dios tan claramente ama. El cariño y bondad de la actividad creadora de Dios incluye la sexualidad y los cuerpos con sus características sexuales (Génesis 2:23-25).
De igual manera que las narraciones de la creación revelan que Dios pretende una relación de confianza con la humanidad, también la creación de un hombre y una mujer (Génesis 1) y la compañía de Adán y Eva (Génesis 2) revela que los seres humanos han sido creados para relaciones de confianza de los unos con los otros. En estas narraciones de la actividad creadora de Dios, entendemos desde el principio que el amor y la confianza se encuentran en el corazón de la relación de Dios con los seres humanos. También entendemos que la creación es la actividad continua de Dios y que todavía no está completa.
Las narraciones bíblicas también muestran cómo las personas violan la confianza de Dios, apartándose de Dios (Génesis 3). Quieren ser como Dios. Se deshacen en disculpas y reparten culpas. Se esconden de Dios. Cubren su desnudez. Se produce la ruptura total de las relaciones, acompañada de maldición y exilio, tal como se describe en la traición de hermano contra hermano (Génesis 4). La relación de confianza con Dios y de los unos con los otros, asociada a la imagen de Dios, está rota. Las personas pecan; esto es, los seres humanos resisten su propia identidad y destino dados por Dios.
Sin embargo, Dios permanece fiel, buscando e invitando a todos a una relación íntima como hijos e hijas. Esta dignidad del ser humano refleja el profundo amor de Dios y se rebela contra toda forma de violencia, discriminación e injusticia. Las Escrituras revelan a los y las creyentes que al igual que Dios no abandona aquello que Dios ama, tampoco debemos hacerlo nosotros.
Reconocemos, por lo tanto, la necesidad que tenemos de la ley de Dios para ordenar y preservar el mundo, exponer nuestros pecados y mostrarnos la profundidad de nuestra capacidad para alejarnos de Dios y del prójimo. Y sin embargo somos consolados y alentados porque, aún frente a la confianza rota, Dios incluye a toda la creación en el desarrollo de la comunidad humana y el mundo. Como seres humanos, participamos de la obra de la creación que continúa, incluso en estos momentos, con abundancia y productividad. 7
Para los y las creyentes, es la esperanza en el futuro de Dios, no en un pasado idealizado, 8 lo que inspira a la participación en la creación cambiante, abierta e inagotable de Dios. La comunidad cristiana cree que el futuro que Dios promete incluye la transformación de toda la creación (Romanos 8:19-25). Guiado por esta visión, el pueblo cristiano busca una ética que anticipe y saque a la luz, concretamente en el presente, los valores del futuro prometido por Dios.
Por medio de la obra salvífica de Jesucristo, entendemos cómo al final las Escrituras están orientadas al futuro y llenas de promesas; la creación se cumple con la nueva creación (2 Corintios 5: 17; Apocalipsis 21:1-5; 2 Corintios 3:18, Isaías 43:16-21). Aún ahora, por el poder del Espíritu Santo, nuestras vidas pueden reflejar el amor del Cristo crucificado y resucitado. "Lo que ahora vivo en el cuerpo", declara Pablo, "lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí" (Gálatas 2:20). Así, un amor similar al de Cristo por el prójimo se pone de manifiesto en todas nuestras actividades, sexuales y de otro tipo, ahora y en el futuro de Dios. En anticipación de ese futuro, la ética de la sexualidad no es, por lo tanto, una cuestión puramente personal sino una cuestión que afecta al testimonio de la comunidad cristiana y el bienestar de la comunidad más amplia (1 Corintios 6:19; Gálatas 6:10; Apocalipsis 21:8).
La ley de Dios en acción en el mundo
Como comunidad luterana, creemos que Dios ha dado la ley no sólo para revelar el pecado y ordenar la sociedad (1 Timoteo 1:9) sino también para indicarnos las intenciones y promesas de Dios para nuestras vidas.
Lutero describió las dos funciones de la ley, una teológica y la otra política o civil. 9 El uso teológico de la ley revela el pecado, confrontándonos cuando hemos roto nuestra relación con Dios y llevándonos al perdón que nos ofrece el Evangelio. Cuando la ley nos obliga a examinar honestamente hasta qué punto estamos atrapados —individual y colectivamente—– en estructuras puestas a nuestro servicio personal, explotación, abuso, y vergüenza, experimentamos el poder de la función teológica de la ley para revelarnos la ruptura de nuestra relación con Dios. Al saber que no podemos hacer nada para proveernos nuestra propia salvación, los y las luteranos rechazamos la noción de que podemos perfeccionarnos tanto a nosotros mismos como a nuestra sociedad.
El uso civil de la ley, al mismo tiempo, proporciona orden en la sociedad para apoyar el mantenimiento de la paz y la justicia en este mundo imperfecto. La function que la ley civil tiene en un mundo pecador, es la de proteger de daños a todas aquellas personas amadas por Dios, especialmente las más vulnerables. 10
Los luteranos y las luteranas entienden que la ley de Dios, en su uso civil, permea y cimienta las estructuras básicas de la sociedad humana para apoyar la vida y proteger a todas las personas en un mundo que sigue bajo el dominio del pecado. Tales estructuras sociales, 11 como las identifican las Confesiones Luteranas, incluyen el ministerio, el matrimonio y la familia, la autoridad civil, y el trabajo cotidiano. 12 Puesto que estas estructuras son temporales, en anticipación de la llegada del futuro prometido por Dios, deben responder continuamente a las necesidades humanas para su protección y prosperidad.
Los Diez Mandamientos
Cuando se les pide que resuman lo que Dios exige en la ley, la mayoría de las personas cristianas recurrirán primero a los Diez Mandamientos (Éxodo 20:1-17) como la guía de Dios para su propio comportamiento y el de las demás personas. Lo que es característico de estos mandamientos para la comunidad luterana es que los entendemos a la luz de la fe, que confiesa a Dios como creador y redentor del mundo. Por lo tanto, además de revelar el pecado humano, restringen el mal comportamiento y nos indican el camino para que sirvamos al prójimo y cuidemos del mundo.
Los primeros tres mandamientos juntos indican nuestra necesidad, como seres humanos pecaminosos, de “temer, amar y confiar en Dios sobre todas las cosas”. Los restantes siete describen nuestra responsabilidad de servir al prójimo, especialmente a las personas más vulnerables. Identifican esas acciones que violan la confianza y destruyen las relaciones entre las personas y al interior de la comunidad. También nos instruyen sobre cómo proteger y fortalecer las relaciones y reforzar la comunidad: honrando a quienes ostentan la legítima autoridad (cuarto); preservando y mejorando la vida (quinto); apoyando los límites, decencia y fidelidad en las relaciones sexuales (sexto); impidiendo la explotación (séptimo), y haciendo la mejor interpretación de las acciones de todas las personas (octavo).
Los mandamientos noveno y décimo “delimitan el corazón”. Nos muestran que no sólo los actos individuales sino también los pensamientos, palabras y acciones legales hechas conforme a motivos fundamentados son malos y nos invitan a emprender una acción correcta. Todas estas cosas honran a Dios al amar al prójimo.
El sexto mandamiento se relaciona de forma especial con la sexualidad humana. A este fin, como escribió Lutero en el Catecismo Menor, "debemos temer y amar a Dios para llevar vidas puras y decentes de palabra y obra, y que cada uno de nosotros ame y honre a su cónyuge". 13
Cuando este mandamiento es violado, se adulteran muchas cosas: se dañan las relaciones, se traiciona y lastima a las personas. La promiscuidad y la actividad sexual sin un espíritu de reciprocidad y compromiso son pecaminosas por sus consecuencias destructivas para las personas, las relaciones y la comunidad. La lista de vicios del Apóstol Pablo (esto es, fornicación, impureza, lujuria, idolatría) advierte a la comunidad de creyentes de los peligros de satisfacer "los deseos de la carne" apartándose así de la pertenencia a Cristo y el reino de Dios (Gálatas 5:19-21). La ruptura de la confianza por medio de la adulteración sexual de los lazos de la relación comprometida, íntima y protegida del matrimonio causa estragos en la familia y la comunidad, así como en las personas involucradas.
Cuando se respeta este mandamiento, en consecuencia, se cuida y presta atención a todos los aspectos de la vida y el comportamiento, incluida la sexualidad, que crea relaciones de matrimonio y prácticas de confianza. "No hay ley que condene estas cosas", declara Pablo, porque "amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio" son el "fruto del Espíritu" (Gálatas 5:22-26).
Estamos llamados y llamadas a participar en la creación continua de Dios como pueblo que busca temer, amar y confiar en Dios por encima de todas las cosas. Como tal, nos esforzamos por llevar vidas que mantengan las relaciones y un orden social donde puedan prosperar los seres humanos, y por apoyarnos mutuamente en esos esfuerzos. Como personas pecadoras justificadas por medio del Evangelio, podemos recibir plenamente la creación como don de manera que podamos servir libremente a nuestro prójimo en necesidad.
Nuestra vocación de servicio al prójimo
No vivimos en mundos privados sin pensamiento o consideración por los eventos históricos o el efecto de nuestras acciones en las personas, la comunidad o el medio ambiente. Más bien, la responsabilidad de servir al prójimo por medio de nuestros llamados cotidianos busca moldear las relaciones y una comunidad mundial que honre a Dios y anticipar la transformación realizada por Dios de toda la creación. Al hacerlo, todas las personas, en cualquier situación que se encuentren, están llamadas a promover activamente el bien del prójimo.
Reconocemos los llamados complejos y variados que tienen las personas en relación con la sexualidad humana: estar en una relación, estar solteros o solteras, ser un amigo o amiga, vivir en un cuerpo joven o envejecido, ser hombre o ser mujer, ser joven o anciano, o tener diferente orientación sexual e identidad de género. Sea cual sea la situación, todas las personas están llamadas a crear la confianza en las relaciones y en la comunidad.
La manera de vivir visiblemente estos llamados, por supuesto, será defectuosa e imperfecta. Como personas pecadoras perdonadas, reconocemos por medio de la fe que nuestras vidas imperfectas son medios por los que Dios cuida y sostiene la creación. Podemos vivir al mismo tiempo con humildad y valentía, sabiendo que nuestros esfuerzos todavía están imbuidos del amor y bendición de Dios para nosotros, nuestro prójimo y el mundo. Por medio de la misericordia de Dios, en medio del mal, la traición, la ruptura, la soledad y la pérdida, nos atrevemos a creer que sí se dan las oportunidades, que en el perdón que se busca y se ofrece, el bien se puede rescatar y que la confianza se puede restablecer.
La ética social luterana
Las personas luteranas entienden que la sexualidad humana, y la ética en general, forman parte del gobierno de Dios en este mundo, en contraste con el gobierno en el mundo venidero por medio del Evangelio. “Sabemos”, declara Pablo, “que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo” (Romanos 8:22-23). Por lo tanto, creemos que la forma en que ordenamos nuestras vidas en cuestiones de la sexualidad humana, son importantes para una vida de fe, pero no son centrales para determinar nuestra salvación. Podemos ser realistas y tener misericordia de nuestras realidades físicas y emocionales, sin esforzarnos por alcanzar la perfección angelical como si nuestra salvación dependiera de ello. Inclusive el matrimonio es una bendición terrenal en este lado del paraíso (Mateo 22:30). 14
Una aproximación luterana a la ética utiliza la interpretación que hace Martín Lutero de los dos reinos de la acción de Dios. 15 Con la mano izquierda (reino terrenal) Dios gobierna en este mundo, manteniendo el orden y poniendo límites al mal por medio de la ley y la razón. Con la mano derecha (reino espiritual) Dios acerca el mundo inminente del gobierno de Cristo, donde el pecado, la muerte y el mal ya no reinan. Este nuevo mundo es experimentado sólo por la fe, con mayor claridad cuando Dios anuncia en la Palabra y los sacramentos el perdón de los pecados, la vida y la salvación.
Liberado por la muerte y resurrección de Cristo (el reino espiritual) el pueblo cristiano es devuelto a este mundo creado, que ya no se experimenta como una amenaza sino como un don de Dios. Ahí somos llamados y llamadas a amar y servir al prójimo, y a mantener y promover la comunidad humana y la preservación de la creación. Éste es un trabajo que emprendemos no sólo con otras personas cristianas sino juntos con todas las personas de buena voluntad.
Mientras determinamos cómo amar y servir al prójimo en un mundo complejo, los luteranos y luteranas confiamos en las Escrituras. También nos guían las Confesiones Luteranas, e incorporamos a esta tarea un aprecio especial por los dones del conocimiento y el aprendizaje. Creemos que Dios también nos proporciona perspectivas por medio de la razón, la imaginación, las ciencias sociales y físicas, la comprensión cultural y las artes creativas (Filipenses 4:8). Una razón para que la comunidad luterana se haya involucrado tan profundamente en la educación y la investigación es que creemos que Dios obra a través de tales medios para guiarnos en la lectura de las Escrituras y entender cómo viviremos en un mundo de complejidad y cambios continuos. 16
Por lo tanto, reconocemos que las deliberaciones de esta iglesia en relación a la sexualidad humana no amenazan el núcleo de nuestra fe sino que exigen nuestro mejor discernimiento moral y sabiduría práctica en el reino terrenal. También entendemos que en este reino las personas de fe pueden llegar y llegarán a conclusiones diferentes sobre lo que constituye una acción responsable. Por lo tanto, este pronunciamiento social busca ayudar a esta iglesia a discernir lo que mejor sirva al prójimo en la complejidad de las relaciones humanas y las necesidades sociales en medio de la vida cotidiana.
III Confianza y sexualidad humana 17
Dios ama tanto la vida humana que "aquel Verbo se hizo carne" (Juan 1:14). Sabemos, por lo tanto, que el amor de Dios nos acepta totalmente, incluyendo nuestra sexualidad. También sabemos que Dios nos creó a cada uno de nosotros no sólo como personas individuales, sino también como personas que vivimos en una variedad de comunidades y contextos sociales. En respuesta al amor de Dios por nosotros, buscamos relaciones de vida con los demás y creamos estructuras y prácticas sociales que sostengan tales relaciones.
La complejidad de la sexualidad humana
Dios creó a los seres humanos para estar en relación los unos con los otros y nos bendice continuamente con diversos poderes, que utilizamos para vivir tales relaciones. Entre ellos se encuentran la capacidad para la acción, el razonamiento, la imaginación y la creatividad.
La sexualidad tiene las cualidades o capacidades de formar unos lazos profundos y duraderos, de dar y recibir placer, de concebir y dar a luz hijos e hijas. La sexualidad puede formar parte integral del deseo de comprometerse en la vida con otra persona, de tocar y ser tocado y de amar y ser amado. Tales cualidades son complejas y ambiguas. Pueden ser usados de buena o de mala manera. Pueden generar una alegría y deleite increíbles. Tales cualidades pueden servir a Dios y servir al prójimo. También pueden lastimar a uno mismo o al prójimo. La sexualidad encuentra su expresión en los extremos de la experiencia humana: en el amor, la atención y la seguridad, o en la lujuria, la fría indiferencia y la explotación.
La sexualidad se compone de una rica y diversa combinación de posibilidades e interacciones relacionales, emocionales y físicas. Lo que está claro es que no se compone únicamente de deseo erótico. El deseo erótico, en su sentido más estricto, es sólo uno de los componentes en las uniones que los seres humanos ansían como criaturas sexuales. Aunque no todas las relaciones son sexuales, en cierto nivel la mayoría de las relaciones sexuales giran alrededor de la camaradería. Aunque algunas personas pueden permanecer solteras, ya sea de manera intencional o no, todas las personas necesitan y se deleitan en la camaradería, y todas son vulnerables a la soledad.
La necesidad de compartir nuestras vidas con otras personas es un bien profundo (Génesis 2:18). El consejo de amar y cuidar del prójimo no es una exigencia ajena que va contra nuestras naturalezas creadas; más bien, alcanzar a otras personas en amor y cuidado es parte de quiénes somos como criaturas relacionales y sexuales. Aunque nunca hayamos tenido intimidad sexual, todos buscamos y respondemos a los lazos y necesidades de las relaciones.
El amor sexual, la compleja interrelación entre el deseo, la atracción erótica, el entregarse y recibir, definido como confianza, — es un don maravilloso. El deseo de una conexión, sin embargo, también puede hacer que los seres humanos sean susceptibles al dolor, el aislamiento y el daño. El deseo de amor sexual, por lo tanto, no constituye por sí mismo una justificación moral para el comportamiento sexual. Dar y recibir amor siempre implica motivos encontrados y un entendimiento limitado de las consecuencias individuales y comunitarias.
El compartir amor e intimidad sexual dentro de la reciprocidad de una relación madura y de confianza puede ser una fuente rica de romance, deleite, creatividad, imaginación, moderación, deseo, placer, seguridad y profunda satisfacción que proporcionan el contexto para que prosperen las personas, la familia y la comunidad.
Aunque el amor sexual sigue siendo un don positivo de Dios, el pecado impregna la sexualidad humana como lo hace con todo en la vida. Cuando se expresa de manera inmadura, irresponsable o con intención de herir, entonces el amor — o su falsa contraparte de poder coercitivo — puede producir daño e incluso la muerte. Con demasiada frecuencia, la lujuria se confunde con el amor que, a su vez, se convierte en la racionalización de comportamientos egoístas. Cuando la soberbia, la lujuria y el egoísmo ocupan el lugar de las responsabilidades del amor, se genera una avalancha de consecuencias que pueden ser devastadoras para las parejas, los hijos e hijas, las familias y la sociedad.
En reconocimiento de las muchas maneras en las que las personas hacen un mal uso del poder y el amor, necesitamos ser honestos sobre el pecado y las limitaciones finitas de los seres humanos. También reconocemos la complejidad de las fuerzas humanas y sociales que impulsan el deseo de compañía, de relaciones íntimas con otra persona, de pertenencia y de dignidad. La profunda interconexión del cuerpo con la mente y el espíritu sugiere la complejidad de tales situaciones. Las narraciones bíblicas se regocijan con el esplendor de la atracción sexual (Cantar de Cantares 4) y son francas con el daño que puede resultar de la sexualidad humana (2 Samuel 13; Mateo 5:27-30).
La confianza social y elbien común
La confianza es un elemento significativo que mantiene unidas a las parejas y las relaciones, los hogares y las familias, las estructuras e instituciones sociales. Normalmente conectamos los conceptos de confianza, promesa, lealtad y dependencia con las relaciones individuales. Estos conceptos, sin embargo, también describen la vida económica, las estructuras políticas, las políticas y estructuras sociales. Los científicos sociales contemporáneos llaman la atención hacia estos lazos casi invisibles de confianza y dependencia que son necesarios para que una sociedad funcione bien. 18 Están comenzando a articular lo que las comunidades que mantienen lazos estrechos han sabido por mucho tiempo: que la confianza social cimienta sociedades sanas.
La confianza es esencial para el bien de la sociedad. En términos generales esto es cierto para el adecuado funcionamiento de las comunidades y se refiere especialmente a las instituciones y prácticas sociales que afectan a la sexualidad humana y se ven afectadas por la misma. El desarrollo de la confianza social debe ser una preocupación central para todas aquellas personas que procuran el bien del prójimo en la búsqueda de la justicia y del bien común. Los luteranos y luteranas entienden que las estructuras sociales no pueden crear fe, esperanza y amor, pero confían que Dios bendiga y otorgue los dones apropiados a través de tales estructuras y, en algunos casos, a pesar de ellas.
El concepto de confianza social ha sido central desde hace mucho tiempo para el pensamiento social y político tanto de la comunidad judía como de la cristiana por medio del enfoque en el bien común y la necesidad del prójimo. Como escribió el apóstol Pablo: “Pues entonces, cada vez que tenemos una oportunidad, trabajemos por el bien de todos...” (Gálatas 6:10). 19
Cuando los seres humanos sirven a su prójimo en lugar de a sus propias personas, están actuando de maneras que mejoran la confianza social. Sin embargo, el desafío de establecer, mantener y fomentar la confianza social implica más que las prácticas privadas. También requiere dar forma a las estructuras legales, comerciales, tecnológicas y cívicas para el bien común. Algunos ejemplos incluyen las instituciones sociales de la familia, la realización de prácticas comerciales, las leyes promulgadas y aplicadas por el gobierno, y las normas de la comunidad. Un código legal orientado a la justicia, contratos e instituciones sociales que protegen a quienes son débiles y más vulnerables, y la protección de los derechos humanos ilustran el tipo de cosas que pueden contribuir a la confianza social y apoyarla. 20
La confianza social se basa en la práctica del respeto mutuo de la dignidad de todas las personas y sus conciencias. Las comunidades fuertes aseguran la confianza social cuando proporcionan apoyo social al desacuerdo y la disensión, y alimentan los valores del respeto mutuo y la consideración de las opiniones de las demás personas. Dentro de la comunidad de la iglesia, contribuimos a respetar las interpretaciones y experiencias de las demás personas viviendo el octavo mandamiento: "No decimos mentiras de nuestro prójimo, ni lo traicionamos o difamamos, ni destruimos su reputación. En cambio... acudimos a su defensa, hablamos bien de él o ella e interpretamos todo lo que hace bajo la mejor luz posible". 21
De igual manera que esta iglesia y su membresía abordan los cambios y desafíos de la sociedad contemporánea en relación a la sexualidad humana, se debe meditar con atención cuáles cambios promueven y cuáles erosionan la confianza social. El desarrollo de la confianza social debe ser una preocupación central para el pueblo cristiano que procura el bien del prójimo en la búsqueda de la justicia y del bien común. Esta iglesia debe ser líder en reenfocar la atención hacia prácticas y actitudes que edifiquen la confianza social. De igual manera, debe contribuir al desarrollo de prácticas y políticas económicas y sociales responsables que moldeen la expresión de la sexualidad dentro de la vida social.
La sexualidad humana y nuestro llamado a establecer la confianza
Las relaciones sexuales pueden darse entre nuestras expresiones de confianza más profundamente íntimas, cruciales y generosas. Aquí nuestras vidas humanas son vulnerables a la alegría y deleite y al dolor y la explotación. Desde la intimidad espiritual con Dios hasta la más estrecha intimidad física entre las personas, las relaciones prosperan de acuerdo a su nivel de profundidad y confianza en sus compromisos. En el área de la sexualidad humana, ninguna relación humana puede prosperar en ausencia de la confianza.
Los seres humanos aprenden de Dios sobre la confianza. Cuando las Confesiones Luteranas hablan acerca de la fe en Dios, la entienden fundamentalmente como confianza 22 o como absoluta confianza en Dios. En la fe alimentada por el Espíritu Santo por medio de la Palabra y los sacramentos, confiamos todas nuestras vidas a Dios. Experimentamos la permanente confiabilidad de la relación de Dios para con nosotros por medio del Evangelio y por medio de la profunda misericordia y compasión de Dios en respuesta a nuestra fragilidad humana. En respuesta, como pueblo perdonado y justificado, buscamos responder al amor que siente Dios por nosotros por medio del cuidado que brindamos a nuestro prójimo, promoviendo la confianza para que puedan prosperar las personas y la sociedad.
¿Cómo se ve, entonces, la confianza en relación a la sexualidad humana cuando se entiende en términos de servicio al prójimo? Al responder a esta pregunta, reflexionamos sobre el amor de Dios hacia la creación y su continua participación en la misma y en la acción salvífica de Jesucristo para la salvación del mundo. Volvemos la vista a las Escrituras, a las Confesiones Luteranas, a las ciencias sociales y naturales y a la razón, misericordia y compasión humana. Al obrar de esta manera afirmamos, de manera valiente pero llena de humildad, que las relaciones y estructuras sociales dignas de confianza deberán:
- promover, valorar y respetar la dignidad humana de cada persona;a;
- proteger a todo el mundo de los daños físicos, emocionales y espirituales;
- demostrar misericordia, compasión y justicia para todas las personas, especialmente las "más humildes de éstas", aquellas que son más vulnerables en las relaciones y en la sociedad;
- asegurar la obligación de responder y la responsabilidad en las relaciones y en la comunidad;
- promover el bienestar de las personas y el bien común de la sociedad, y
- valorar la seguridad y protección proporcionadas por las promesas, incluyendo los compromisos sociales y contractuales.
Estas condiciones fundacionales y protectoras proporcionan el contexto y respaldo necesarios para relaciones de confianza que son:
- de amor, que incluye y refleja la abundancia de agape (amor ilimitado, perdón, compasión, atención y preocupación), eros (pasión, emoción y alegría) y philia (atención al prójimo);
- dadoras de vida, donde la afirmación se comparte recíprocamente, se da y recibe aliento, y los talentos individuales son fortalecidos y apoyados;
- de entrega tanto ante las oportunidades como ante los desafíos;
- satisfactorias; esto es, un lugar donde prevalecen un espíritu de alegría y una atmósfera de paz;
- promotores del bienestar físico, emocional y espiritual;
- caracterizadas por decir la verdad y por la honestidad;
- fieles en palabra y obra, incluida la fidelidad sexual;
- comprometidas, demostrando lealtad en los buenos momentos y en los momentos de dificultad;
- de apoyo para todas aquellas personas en las que se encuentran los ancianos y ancianas, quienes son vulnerables o débiles;
- de hospitalidad, ofreciendo apoyo y aliento a las demás personas;
- una bendición para la sociedad y un servicio al bien del prójimo.
IV Sexualidad y estructuras sociales que aumentan la confianza social
Los luteranos y luteranas creen que Dios obra por medio de estructuras sociales para bien de la sociedad. Las Confesiones Luteranas identifican el matrimonio y la familia como estructuras fundacionales que respaldan la comunidad humana.
El Matrimonio: hogar y contexto para la confianza
La confianza es una cualidad de la relación que, aunque nunca llega a la perfección, es alimentada y reforzada a través del tiempo. La confianza y la mutualidad que proporciona el matrimonio pueden convertirlo en una de las formas más bellas, permanentes y transformadoras de relación humana. El sentido de cuidado, ligado a un contacto íntimo, crea relaciones mucho más estables que el interés erótico simple y pasajero. La intimidad sexual, junto con las promesas de fidelidad y la responsabilidad pública, fortalece los lazos que permiten a las personas llegar a la plenitud y proporciona un contexto rico para el cuidado y apoyo de la niñez.
El matrimonio es una alianza de mutuas promesas, compromiso y esperanza, legalmente autorizada por el estado y bendecida por Dios. La histórica tradición cristiana y las Confesiones Luteranas han reconocido el matrimonio como una alianza entre un hombre y una mujer, como se refleja en Marcos 10: 6–9: "Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo. Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". (Jesús aquí recuerda Génesis 1:27; 2:23-24.)
Los luteranos y luteranas afirman desde hace mucho tiempo que la responsabilidad pública del matrimonio, como se expresa por medio de un contrato legal, proporciona el necesario apoyo social y confianza social para las relaciones que están pensadas para ser sostenidas a lo largo de la vida y dentro de situaciones vitales cambiantes y, con frecuencia, desafiantes. En este país, los pastores y las pastoras tienen responsabilidades tanto legales como religiosas con relación al matrimonio. Al ejercer estas responsabilidades, los pastores y las pastoras asumen y ejercen el discernimiento pastoral con relación a la decisión de casar en la iglesia. En la comunidad de la iglesia presiden las promesas mutuas hechas entre las dos partes de una pareja que busca la relación monógama, fiel y para toda la vida dentro del matrimonio.
El matrimonio exige una constante atención y labor. Está pensado para proteger la creación y el fortalecimiento de la confianza y el amor mutuos como la base de la comunidad humana. Es una relación vinculante que proporciona las condiciones para el bienestar personal, la prosperidad del compañero o compañera y la posibilidad de procreación y crianza de hijos. También pretende ser una bendición para la comunidad y el mundo. Por las promesas de fidelidad y por la responsabilidad pública, el matrimonio provee el contexto de amor, confianza, honestidad y compromiso dentro del cual una pareja puede expresar el gozo profundo de la relación así como enfrentar los problemas que inevitablemente encontrarán a lo largo de la vida.
Las personas cristianas creen que el matrimonio no sirve únicamente para legitimar la intimidad sexual física, sino para apoyar una comunión a largo plazo y duradera para bien de las demás personas. 23 Es una comunión dentro de la cual lo lúdico y el deleite del amor físico son expresiones cruciales de la profundidad de la confianza y en la cual el acto de amor puede ser un acto tierno y generoso de entrega de sí mismo que tiende al gozo y placer de su pareja.
El carácter público del matrimonio también implica una responsabilidad civil. El matrimonio intenta no sólo proteger a las personas que están casadas, sino también indicar a la comunidad su intención de llevar una vida de paz y de mutua plenitud, incluso mientras se esfuerzan por fortalecer la comunidad en la que viven. Las promesas públicas de matrimonio entre un hombre y una mujer, por lo tanto, también protegen a la comunidad al hacer que las personas cumplan sus votos. La fidelidad a las promesas bendice a todas aquellas personas que dependen de esta confianza dentro y más allá del matrimonio.
El compromiso cristiano con el matrimonio reconoce que el pecado entra en todas las relaciones, tanto dentro como fuera de la institución del matrimonio. Ningún matrimonio satisface plenamente todas las intenciones y las dificultades son inevitables, tanto por las diferentes necesidades y deseos de las dos personas como por el pecado, que coloca la ansiosa preocupación por uno mismo anteponiéndolas a las necesidades de su pareja. La infidelidad a las promesas matrimoniales traiciona la confianza íntima del compañero o compañera, la seguridad de la familia y la confianza pública de la comunidad.
Precisamente porque el matrimonio es el lugar donde residen las profundas necesidades y confianza humana, también puede ser un lugar de un gran dolor. Muchas personas no experimentan ni amor ni confianza dentro del matrimonio. Lastimar a otra persona emocional, física o espiritualmente, incluyendo el mal uso o abuso del poder, significa una profunda herida. También es una traición y violación del refugio y confianza que se pretenden dentro de la relación del matrimonio. Se debe tener un especial cuidado en apoyar y encontrar un refugio seguro para todas aquellas personas que se encuentran en una situación de riesgo dentro de un matrimonio. Esto incluye a aquellas personas cuya autoestima está dañada o destruida dentro de la relación del matrimonio y, por lo tanto, cuya capacidad para actuar en defensa de su propia salud y seguridad puede estar inhibida o perdida.
Esta iglesia reconoce que en algunas situaciones la confianza sobre la que se edifica el matrimonio llega a dañarse tan profundamente o es tan profundamente defectuosa que se debe poner un fin legal al propio matrimonio (Mateo 19:3-12). Esta iglesia no trata el divorcio a la ligera y tampoco ignora las responsabilidades del matrimonio. Sin embargo, en tales situaciones, proporciona apoyo a las personas involucradas y a todas las personas afectadas. Se alienta a las personas divorciadas a procurarse atención pastoral para tener la certeza de la presencia, perdón y sanación de Dios, y para permanecer dentro de la comunión de la iglesia, reconociendo la misericordia plentamente inclusiva de Dios.
Esta iglesia proporcionará atención pastoral de apoyo para las personas divorciadas. Además, cree que aquellas personas que desean volver a casarse pueden adquirir sabiduría del pasado y pueden estar seguras de la libertad del Evangelio, en medio de las rupturas y el perdón, para entrar a sus nuevas responsabilidades con alegría y esperanza. Esta iglesia está dispuesta a atender pastoralmente las preocupaciones especiales de las familias mixtas, de los hijos y las hijas de parejas divorciadas así como las tensiones particulares que pueden acompañar a la ruptura de la familia y la transición.
Pese a la conciencia de la presencia del pecado y los fracasos matrimoniales, la tradición cristiana coloca un gran énfasis en el valor del matrimonio para el esposo y la esposa. Es en el matrimonio que el más alto grado de intimidad física se iguala con y se protege por los más altos niveles de compromiso vinculante, incluyendo la protección legal. Es en el matrimonio que las promesas públicas de un compromiso de por vida pueden crear la base para la confianza, la intimidad y la seguridad.
Son importantes para el matrimonio tanto el compromiso de la pareja con sus promesas para toda la vida como los requisitos civiles. Las promesas mutuas de cuidado y fidelidad duraderos, hechas ante Dios, permiten a las dos partes de la pareja abrirse la una a la otra. Permiten compartir el afecto profundo y tierno así como las profundas vulnerabilidades y ansiedades. El contrato legal crea un arreglo público dentro del cual una pareja puede, de modo seguro y equitativo, compartir sus bienes y recursos, llegar juntos a decisiones, planificar los hijos y las hijas, protegerles y fortalecerles, y preveer para un futuro compartido.
La experiencia histórica de la iglesia apoya la confianza de que las promesas solemnes, hechas en la compañía de testigos que piden por las bendiciones de Dios para un hombre y una mujer, tienen el poder de crear un marco único en el cual puedan prosperar dos personas, una nueva familia y la comunidad. Consistente con esa experiencia, esta iglesia tiene confianza en que tales promesas, las cuales son apoyadas por el marco contractual de la ley civil, puedan crear una relación de compromiso y cooperación de por vida.
Se debe señalar que algunas personas, aunque no todas, en esta iglesia y dentro de la más amplia comunidad cristiana, asumen que matrimonio es también el término apropiado a utilizar para describir beneficios, protección y apoyos similares para las parejas de personas del mismo género sexual que emprenden relaciones monógamas para toda la vida. Creen que tales relaciones responsables también proporcionan la base necesaria que apoya la confianza y la prosperidad de la familia y la comunidad. Otros acuerdos contractuales, como las uniones civiles, también buscan proporcionar algunas de estas protecciones y hacer que quienes participan de tales relaciones respondan el uno ante el otro y ante la sociedad.
Relaciones monógamas y de por vida con personas del mismo género sexual
En las últimas décadas esta iglesia ha empezado a entender y experimentar de nuevas maneras la necesidad de las personas orientadas hacia personas de su mismo género sexual, de buscar relaciones de compromiso y compañía para toda la vida así como de responsabilidad pública y apoyo legal para esos compromisos. Al mismo tiempo, han continuado los debates y deliberaciones públicas con respecto a las ideas en evolución sobre la sexualidad humana en la medicina, las ciencias sociales y las correspondientes políticas públicas sobre las relaciones entre personas del mismo género.
En la IELA reconocemos que muchas de nuestras hermanas y hermanos en relaciones de pareja con personas de su mismo género sexual desean sinceramente el apoyo de otras personas cristianas para vivir fielmente en todos los aspectos de sus vidas, incluida su fidelidad sexual. En respuesta, hemos explorado en profundidad nuestra herencia teológica luterana y las Escrituras. Sin embargo, esto ha conducido a diferentes comprensiones en conciencia divergentes con relación al lugar de tales relaciones dentro de la comunidad cristiana. Hemos alcanzado varias conclusiones sobre cómo considerar las relaciones monógamas y de por vida con personas del mismo género sexual, , incluyendo la posibilidad de reconocer públicamente sus compromisos para toda la vida y cómo hacerlo.
Aunque las personas luteranas sostienen diferentes convicciones sobre las relaciones monógamas y de por vida con personas del mismo género sexual, esta iglesia está unida en muchas cuestiones fundamentales. 24 Se opone a toda forma de acoso y agresión verbal o física en base a la orientación sexual. Apoya la legislación y políticas para proteger los derechos civiles y para prohibir la discriminación en la vivienda, el empleo y los servicios públicos. Ha llamado a las congregaciones y a su membresía a dar la bienvenida, cuidar y apoyar a las parejas formadas por personas del mismo género sexual y a sus familias, y a abogar por su protección legal.
La IELA reconoce que tiene una responsabilidad pastoral hacia todos los hijos e hijas de Dios. Esto incluye una responsabilidad pastoral para con aquellas personas con orientación sexual hacia personas del mismo género y con quienes buscan consejo sobre el entendimiento sexual que tienen de sí mismas. Se anima a todas estas personas a que se beneficien del uso de los medios de gracia y cuidado pastoral.
Esta iglesia también reconoce que no existe el consenso con respecto a cómo considerar las relaciones estables de parejas del mismo género sexual, incluso después de años de conversación y estudio profundo, respetuoso y fiel. No tenemos un acuerdo sobre si esta iglesia debe acreditar estas relaciones, apoyarlas, acogerlas y protegerlas, o sobre cómo es apropiado hacer tal cosa de manera adecuada.
En respuesta, esta iglesia recurre al entendimiento fundacional luterano de que las personas bautizadas son llamadas a discernir el amor de Dios en el servicio al prójimo. En nuestra libertad cristiana, por lo tanto, buscamos acciones responsables que sirvan a las demás personas y lo hacemos con humildad y un profundo respeto por las creencias sujetas a la conciencia de los demás. Entendemos que, en este discernimiento sobre la ética y la práctica eclesial, las personas de fe pueden llegar, y llegarán, a diferentes conclusiones sobre el significado de las Escrituras 25 y sobre qué constituye una acción responsable. Creemos, además, que esta iglesia, sobre la base de la conciencia, 26 incluirá estas ideas y prácticas divergentes en el seno de su vida al tiempo que busca vivir su misión y ministerio en el mundo.
Esta iglesia reconoce que, con convicción e integridad:
- Sobre la base de la creencia de la conciencia cautiva, algunas personas están convencidas que el comportamiento sexual con personas del mismo género sexual es pecaminoso, contrario a las enseñanzas bíblicas y su interpretación de la ley natural. Creen que el comportamiento sexual con personas del mismo género sexual conlleva el grave peligro del pecado impenitente. Por lo tanto, concluyen que se sirve mejor al prójimo y a la comunidad llamando al arrepentimiento por ese comportamiento a las personas en relaciones con personas del mismo género sexual, así como a un estilo de vida de celibato. Se pretende que tales decisiones vayan acompañadas por la respuesta pastoral y el apoyo de la comunidad.
- Sobre la base de la creencia de la conciencia cautiva, algunas personas están convencidos de que la homosexualidad e incluso las relaciones homosexuales monógamas y de por vida reflejan un mundo quebrantado en el que algunas relaciones no siguen el patrón de la creación previsto por Dios. Aunque reconocen que tales relaciones pueden vivirse en mutualidad y con afecto, no creen que se sirva mejor al prójimo o a la comunidad reconociendo públicamente tales relaciones como matrimonio tradicional.
- Sobre la base de la creencia de la conciencia cautiva, algunas personas están convencidas que el testimonio de las Escrituras no aborda el contexto de la orientación sexual y las relaciones de amor y compromiso para toda la vida que experimentamos hoy. Creen que se sirve mejor al prójimo y la comunidad cuando se respeta y se ponen altos estándares y se piden cuentas a las relaciones con personas del mismo género sexual, pero no equiparan estas relaciones con el matrimonio. Sí afirman, sin embargo, la necesidad del apoyo de la comunidad y el papel de la atención pastoral, y quizás deseen fortalecer con oraciones las relaciones monógamas para toda la vida o uniones de alianza.
- Sobre la base de la creencia de la conciencia cautiva, algunas personas están convencidas que el testimonio de las Escrituras no aborda el contexto de la orientación sexual y las relaciones de compromiso que experimentamos hoy. Creen que se sirve mejor al prójimo y la comunidad cuando las relaciones entre personas del mismo género sexual se viven con compromisos monógamos y para toda la vida con los mismos estándares rigurosos, ética sexual y estatus que el matrimonio heterosexual. Fortalecen con oraciones a tales parejas y sus compromisos para toda la vida para que vivan de maneras que glorifiquen a Dios, encuentren fortaleza para los retos que enfrentarán y sirvan a las demás personas. Creen que las parejas compuestas por personas del mismo género sexual deben beneficiarse del apoyo social y legal para sí mismas, sus hijos e hijas y otras personas que dependen de ellas, y buscar el mayor nivel legal de confiabilidad disponible para sus relaciones.
Aunque por el momento no existe consenso en esta iglesia sobre esta cuestión, alienta a todas las personas a vivir su fe en la comunidad local y global del pueblo bautizado con profundo respeto por la conciencia cautiva del prójimo. Esta iglesia llama al respeto mutuo en las relaciones y al liderazgo que busca el bien de cada persona y la comunidad. Con respecto a la vida que llevamos en comunidad con divergencias, las personas en esta iglesia seguirán acompañándose las unas a las otras en el estudio, la oración, el discernimiento, la atención pastoral y el respeto mutuo.
Familias con amor: fundamento y fuente para la confianza social
Uno de los lugares donde es más importante la confianza social es en el contexto de la familia. En la sociedad contemporánea, el término “familia” incluye una variedad de formas, más parecidas al antiguo término de “hogar” empleado exclusivamente por Lutero para incluir a los miembros de la familia inmediata, los parientes y otros.
Las personas luteranas entienden que la intimidad, confianza y seguridad, especialmente para aquellas personas más vulnerables entre nosotros, se protege de mejor manera dentro de las familias. Cuando la seguridad y la confianza se deterioran dentro de la familia, ésta se convierte en un lugar peligroso y hasta demoniaco donde el abuso puede reinar. De este modo las personas luteranas le dan mucha importancia al apoyo de todo aquello que ayuda a crear y sostener familias saludables como fundamento y fuente de confianza.
Los niños y niñas aprenden la confianza o la desconfianza de sus relaciones iniciales de dependencia de sus padres y madres, y de otros miembros del círculo familiar. Los patrones de lealtad y confianza establecidos en la familia se extienden a todas las relaciones futuras. Aquellas personas que no aprenden a confiar enfrentan obstáculos significativos para llegar a ser personas dignas de confianza en las relaciones más complejas de la vida moderna y quizás tengan dificultades para desarrollar una sexualidad madura y saludable.
La familia es una fuente primaria de confianza precisamente por el significativo nivel de compromiso y cuidado que caracteriza los lazos familiares. Mientras que las Escrituras colocan a la familia en un lugar secundario con respecto a la comunidad del pueblo de Dios (Mateo 10:37; 12:49), también da testimonio sobre el papel fundamental de la familia en proteger y fortalecer a la comunidad humana (Éxodo 20:12; Efesios 6:1-4). Las Confesiones Luteranas reconocen este papel 27 y la conexión entre la familia y la sexualidad en sus debates de los mandamientos que se relacionan con cada aspecto. 28
Esta iglesia considera a la familia como una institución social indispensable por su papel en el establecimiento de condiciones de confianza y protección de los vulnerables. Como tal, la sociedad justamente regula y protege las familias por medio de las leyes de familia que existen para asegurar que estas responsabilidades críticas sean satisfechas y que los miembros dependientes de la familia sean protegidos y tratados justamente cuando se disuelven los hogares. 29
Los servicios de ministerios sociales de ésta y otras iglesias trabajan para asegurar el bienestar de la familia de muchas maneras. Prestan especial atención a aquellas personas que no tienen familia o a las familias con recursos limitados. También elevan su voz moral para afirmar y celebrar la importancia vital de acuerdos familiares para el cuidado de la familia. Estos ministerios enseñan a otras personas a aceptar estos llamados de responsabilidad y amor.
Al mismo tiempo, la conciencia realista de la debilidad y el pecado previene a las personas luteranas de idealizar la vida de familia o de sentar ideales falsos. En particular, el abuso sexual o la traición de promesas y compromisos dentro de la familia constituyen una ofensa evidente precisamente porque ocurren en el espacio donde asumimos el mayor nivel de confianza.
Esta iglesia reconoce su responsabilidad en congregaciones y a través de sus organizaciones de ministerio social para brindarle apoyo a sus miembros y a otros en todas las dificultades que acosan la vida familiar y busca las maneras de brindar seguridad y apoyo en la protección de las personas más vulnerables.
Muchas tendencias sociales actuales 30 en Estados Unidos y el resto del mundo expresan con toda razón sus preocupaciones sobre la salud de las familias. Mientras estas tendencias tienen que ver con personas que asumen la responsabilidad personal por sus decisiones, también son conducidas por fuerzas económicas y sociales que son complejas en su origen y significativamente resistentes a ser corregidas.
En este país el núcleo familiar formado por personas legalmente casadas, heterosexuales, ha recibido el apoyo de fuertes convenciones sociales a lo largo del siglo veinte. 31 El núcleo familiar está bien estructurado para fomentar el desarrollo de la confianza en los niños y en la juventud. La experiencia de millones de personas y las conclusiones recientes de ciencia social son muestra de sus capacidades para que así sea. 32 Esto, sin embargo, no significa que siempre se haya hecho así con tanta eficacia. Las familias pueden ser un refugio para el sexismo o la violencia familiar y, en tales situaciones, la seguridad de los hijos y las hijas o de otras personas que resultan lastimadas es de máxima importancia.
En este país y en nuestras congregaciones, las familias se constituyen de muchas maneras. Existen familias naturales y adoptivas, familias temporales, familias mixtas, familias con una generación perdida y familias donde los padres y las madres son del mismo género sexual. Millones de hogares en Estados Unidos, y muchos en nuestra iglesia, son dirigidos por madres o padres solteros —sobre todo madres— sea que hayan enviudado, se hayan divorciado o que nunca se hayan casado. La cuestión fundamental con respecto a la familia no es si tiene una forma convencional, sino cómo desempeña las tareas individuales y sociales indispensables. Todas las familias tienen responsabilidad en las tareas de proporcionar seguridad, proteger la intimidad y desarrollar relaciones confiables. 33
La primera respuesta de esta iglesia hacia las familias y los hogares debe ser de bienvenida y apoyo que incluya especialmente la atención a la niñez y su seguridad. Los niños y niñas deben ser invitados a la comunidad de personas bautizadas independientemente de su situación familiar.
Esta iglesia responde a las necesidades de las familias por medio de su ministerio y servicio en varios contextos. También tiene la tarea de abordar y promover políticas públicas en contra de tendencias sociales y económicas que actúan en detrimento del desarrollo de familias saludables.
Por medio de la proclamación de la Palabra de Dios y los sacramentos, Dios crea y fortalece la fe y brinda apoyo a la comunidad de creyentes tanto dentro como fuera de las familias. La vida familiar también recibe apoyo cuando sus miembros se esfuerzan por cumplir con expectativas razonables de perdonar y buscar el perdón y de llevar de manera responsable las cargas de otras personas. Estas prácticas honran a Dios y, cuando se aprenden en el contexto de una familia llena de amor y compromiso, pueden conducir a expresiones saludables y con madurez de la sexualidad. Cuando la confianza ha sido traicionada en tales situaciones, entonces se debe intentar el perdón, la corrección con amor y la reconciliación.
Esta iglesia reconoce arrepentida la forma en que el mal uso de las enseñanzas históricas con respecto a la sexualidad ha dañado a personas, profundizado su sufrimiento o dividido a las familias. Esto incluye las acciones que abandonan o rechazan a las personas por un embarazo sin estar casadas o por su orientación sexual hacia personas del mismo género sexual. Los crímenes del odio y la violencia contra aquellas personas que son consideradas sexualmente diferentes en ocasiones han sido perpetrados públicamente en el nombre de Cristo. No sólo se deben denunciar tales comportamientos, sino que esta iglesia debe esforzarse por lograr un mayor entendimiento de la orientación sexual y la identidad de género. Debe buscar lo que es positivo y dador de vida al tiempo que protege de todo lo que es dañino y destructivo.
Puesto que la confianza social está directamente relacionada con la justicia social, esta iglesia tiene que hacer un llamado por la justicia en asuntos relacionados con la familia y la sexualidad. En los últimos cincuenta años, la ley de familia ha sufrido cambios complejos y profundos con relación al divorcio, pensiones alimenticias para niños y niñas, custodia, adopción, derechos de los padres y las madres, y uniones civiles. La continua evolución de la ley familiar es de vital importancia a medida que los legisladores y los tribunales se esfuerzan por proteger a menoresy asignar responsabilidades de manera justa para su cuidado.
Estas leyes tienen un impacto directo en los patrones de confianza social dentro de los hogares y las redes familiares similares. Las leyes penales, la aplicación de leyes estatales y el manejo judicial de asuntos relacionados con el abuso sexual, el acoso sexual, las amenazas sexuales y la violencia doméstica requieren de nuestra especial atención. Las víctimas de violaciones sexuales tienen que ser capaces de recurrir confiadamente a las instituciones públicas para que intervengan en relaciones problemáticas. Tienen que ser capaces de esperar ser protegidas cuando su confianza en una persona ha sido abusada.
La sociedad en general debe asegurarse que todas aquellas personas que dependen de otras en la familia para su bienestar espiritual, emocional y físico sean protegidas por las políticas y prácticas sociales. Aún las instituciones y prácticas sociales no directamente relacionadas a instituciones de la familia pueden y deben facilitar y apoyar el cuidado familiar y la responsabilidad. Entre los ejemplos se incluyen: las leyes de impuestos y la ley de pobreza, las leyes de bienes raíces, las regulaciones de zonificación, las políticas y prácticas de las industrias de seguros.
La IELA brindará apoyo a las relaciones familiares por ser fundamentales para fortalecer y sostener la confianza y la seguridad en las relaciones humanas. Abogará por políticas públicas que apoyen y protejan a las familias. Esta iglesia se compromete a darle atención continua y a discernir sobre las configuraciones cambiantes de las familias y cómo sirven para acoger y proteger las relaciones de confianza mutua.
Protección de la niñez y la juventud en y para relaciones de confianza
Una familia fuerte y sana es un factor importante en el desarrollo de personas sanas. El contexto de una familia sana nutre el crecimiento, aumenta la confianza y ofrece protección. Esto es especialmente cierto para niños, niñas y jóvenes en su crecimiento hasta alcanzar la madurez sexual.
La seguridad dentro y fuera de la familia es de primordial importancia porque el daño hecho a los niños y niñas y a los jóvenes por causa del abuso o acoso sexual puede ser grave y duradero. Tal comportamiento dañino puede incluir caricias o manoseo inapropiados, exposición a pornografía, exposición de genitales a niños y niñas o inducir a niños y niñas a hacer lo mismo, y las relaciones sexuales o genitales que involucren a menores.
Las leyes penales que prohíben el abuso y el acoso sexual contribuyen a la protección de niños y niñas y de los jóvenes. Esta iglesia apoya los juicios contra cualquier persona que cometa un crimen sexual contra una persona menor de edad, incluyendo personas en puestos de liderazgo dentro de la iglesia. Más aún, esta iglesia apoya las leyes apropiadas que requieren informar a las autoridades de la sospecha de abuso sexual contra niños o niñas para poder así prevenir el daño futuro a los menores vulnerables que no pueden protegerse a sí mismos.
La IELA también reconoce que las congregaciones y otros lugares de ministerio deben continuar con sus esfuerzos de ser lugares seguros para la niñez y la juventud. Ya se ha hecho mucho trabajo para ayudar a las congregaciones a proteger a la niñez. Esta iglesia proseguirá con sus esfuerzos para la protección de personas menores de edad que participen en programas y eventos patrocinados por la iglesia. Esta iglesia llama a la adopción de medidas preventivas que incluyen programas educativos, políticas apropiadas y la investigación de antecedentes de las personas que cuidan, supervisan o trabajan con niños y niñas en esta iglesia.
Hay asuntos con los que lidiar en el ámbito social y de la iglesia que van más allá del abuso y el acoso sexuales hasta la explotación sexual organizada. La explotación sexual comercial está generalizada en Estados Unidos y en todo el mundo. Ésta continúa creciendo e involucra un número sorprendente de jóvenes al aprovecharse de sus vulnerabilidades. 34
Esta iglesia reafirma fuertemente su mensaje del 2001, Explotación Sexual Comercial, el cual declara: “la explotación sexual en cualquier situación, ya sea de manera personal o comercial, dentro o fuera de un matrimonio asumido legalmente, es pecaminosa porque destruye el buen regalo de Dios [de la sexualidad] y la integridad humana”. Este mensaje señala que esto es particularmente cierto con respecto al daño demoníaco que la explotación sexual deja en los niños y los jóvenes. 35
La niñez y la juventud viven en un mundo altamente sexualizado. Están expuestos muy pronto a patrones de sexualidad adulta y son presionados para asociar sus cuerpos a prácticas que los devalúan. Entre los ejemplos se incluyen los concursos de belleza infantil, las prendas sexualmente sugerentes, las películas y programas de televisión por cable en horario estelar con una fuerte carga sexual. Desde una temprana edad, los niños y niñas escuchan música de alto contenido sexual que es deliberadamente promocionada para ellos y ellas. Los niños y niñas “hacen citas” como las parejas y se involucran en actividades genitales a edades tempranas. La niñez y la juventud son objeto de amenazas sexuales, lenguaje destructivo y humor vicioso.
La IELA considera la excesiva exposición a la sexualidad adulta de niños y niñas y adolescentes en proceso de maduración emocional como una falla por parte de los adultos y la sociedad. A todas las personas e instituciones en la sociedad les propone el reto de cumplir con su responsabilidad de proteger y cuidar a la niñez y la juventud así como de hacer lo necesario para su adecuado desarrollo. Las congregaciones deben ofrecer oportunidades para que las personas adultas expresen estas preocupaciones y exploren soluciones juntas.
El ciberespacio y otros medios electrónicos en expansión crean nuevos desafíos para la protección de la niñez y la juventud. Es importante que los progenitores, la sociedad y los legisladores se mantengan extremadamente atentos para proteger el bienestar de la niñez y la juventud en este mundo electrónico con sus peligros frecuentemente escondidos. La amplia disponibilidad electrónica de material pornográfico violento y degradante amenaza a la niñez y la juventud tanto como a las personas adultas. Tiene la capacidad para dañar el desarrollo sexual normal en aquellas personas que lo ven, con frecuencia de manera obsesiva y en secreto. Cómo enfrentar este problema es uno de los asuntos más importantes en lo que respecta a la protección de la niñez en nuestros tiempos, y nuestra iglesia participará de manera activa en esta importante conversación.
La educación sexual de niños y niñas y de adolescentes será apoyada por esta iglesia como una prioridad. Los casos de los que se tiene conocimiento entre los adolescentes sugieren que son pocos los progenitores o congregaciones que se envuelven de manera significativa con la gente joven en la educación sexual o en la conversación saludable sobre la sexualidad, a pesar de que los adolescentes lo recibirían de buena manera. 36 Esta falta de participación es sorprendente, especialmente cuando tomamos en consideración los peligros asociados. Esta iglesia debe prestar particular atención a la forma en que los niños y las niñas, y jóvenes son apoyados, fortalecidos y acompañados en su formación sexual y relacional.
Con ese fin, esta iglesia reafirma lo que ya ha dicho previamente sobre proveer educación sexual comprensiva dentro del contexto de la fe cristiana. 37 Tal educación debe comenzar temprano y enfatizar la responsabilidad y la mutualidad. Tal educación debe enfocarse en sostener una conversación sobre lo que es bueno y lo que es dañino de manera apropiada para niveles crecientes de madurez. Deberían evitar limitarse sencillamente a conformarse con las conductas aprobadas o rechazadas, y enfatizar el explorar el por qué algunas conductas son dañinas, por qué y cómo algunas presiones deben ser resistidas, y qué distingue el amor sexual maduro y gratificante de las formas explotadoras y denigrantes.
La información sobre el control de la natalidad, incluido alentar y apoyar la abstinencia sexual, es un componente importante de responsabilidad. Tal educación debe incluir a todas las personas en conversación sobre la responsabilidad compartida de las parejas para asegurar la protección física, emocional y espiritual de cada persona. Por lo tanto se entiende que la IELA reafirma su interés y responsabilidad en el cuidado y protección de la niñez y la juventud vulnerable. Se entiende a sí misma como llamada a esta misión por medio de las vocaciones de sus miembros, sus propias prácticas institucionales y sus posiciones sobre políticas públicas. Este trabajo envuelve a todas las personas adultas, no sólo a los padres y las madres, puesto que todas estas personas contribuyen al bienestar de la niñez y la juventud de muchas maneras creativas aquí no expresadas. Entiende también que todos los niños y niñas y los jóvenes, tanto dentro como fuera de la iglesia, merecen la preocupación de esta iglesia.
V Sexualidad y confianza en las relaciones
La sexualidad y la persona
Tanto la sexualidad como la confianza son fundamentalmente relacionales y se generan en la red de lazos familiares y en la interacción social. Las relaciones sanas y de confianza forman personas confiadas, sanas y responsables. Incorporamos nuestras fallas, imperfecciones y pecados a nuestras relaciones, pero una parte de vivir el llamado y la libertad del cristiano en esas relaciones incluye ser lo mejor que podemos como personas. Esto exige una atención apropiada a todos los aspectos de una persona, incluido su cuerpo. 38
Somos seres sexuados desde el comienzo de nuestras vidas. Los antiguos salmistas imaginaron el divino misterio de nuestras vidas del cuerpo mucho tiempo antes de que la ciencia investigara nuestra complejidad biológica y genética. “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre” (Salmo 139:13). Las realidades de nuestros cuerpos sexuales son visibles en rasgos físicos y poderosos en características menos visibles.
Esto significa mucho más que simplemente haber nacido con genitales femeninos o masculinos o, en ocasiones, ambiguos. 39 Nuestras células llevan cromosomas del sexo y nuestros sistemas endocrinos inundan nuestros cuerpos de hormonas. De maneras que aún no entendemos totalmente, desarrollamos un fuerte sentido de identidad de género desde una muy temprana edad. Aunque todavía queda mucho por aprender sobre la complejidad biológica de los seres humanos, hemos llegado a entender que esta complejidad sugiere una variedad de orientaciones sexuales e identidades de género.
La sexualidad y el género son rasgos del propio ser de cada persona. Es tanto un descubrimiento como un don, y una perplejidad y un reto en todas las etapas de la vida y en todas las situaciones de relaciones. Las ciencias médicas y sociales continúan explorando cómo se entiende, cuida y controla la gran variedad de identidades y comportamientos sexuales de los seres humanos en diferentes culturas y religiones.
Las experiencias y capacidades sexuales son parte de la vida para todas las edades y habilidades físicas. Uno puede experimentar lo sexual en la música, el arte, la literatura y en la belleza de las personas y de la naturaleza. Uno puede derivar placer de la comida, el contacto, el sonido, los olores y las actividades. Uno puede encontrar la expresión para su ser y para la sexualidad a través de la palabra hablada, el contacto, el baile, la música y el movimiento.
Uno no necesita estar en una relación para experimentar la propia sexualidad. Los cuerpos no se convierten repentinamente en sexuales en la pubertad y no cesan de ser sexuales cuando, por ejemplo, existen limitaciones físicas o del desarrollo, menopausia, disfunción eréctil, o en la ausencia de una pareja sexual. Esto significa que a través de nuestras vidas necesitamos encontrar maneras apropiadas y enriquecedoras de dar expresión a esta complicada dimensión de nosotros mismos.
Todos tenemos identidades sexuales que encontrarán su expresión en nuestras vidas. Tenemos sentimientos sexuales de los que estamos conscientes y que, en ocasiones, necesitan ser negociados cuando estamos interactuando con amistades, cortejando a un potencial compañero o compañera permanente, trabajando estrechamente con colegas o compartiendo nuestras vidas con otra persona. Más aún, debemos evaluar y responder constantemente a la manera en la que la sexualidad de otras personas es expresada. Debemos responder al estímulo sexual en el ambiente, incluyendo la variedad de contactos humanos, que pueden variar desde lo casual por medio del coqueteo hasta invitaciones a la intimidad física intensa.
Un sentido saludable de la sexualidad tiene relación con tener una imagen sana del cuerpo. Esta iglesia enseña que preocuparse por el cuerpo y seguir las prácticas que llevan a un bienestar físico y emocional forman parte de la administración de la bondad de la creación. 40 Reconoce que un sentido positivo de nuestro propio cuerpo sustenta un sentido saludable de nuestra identidad de género y sexualidad.
Las personas sanas y sexualmente maduras aprenden a sentirse cómodos con sus cuerpos y pueden entregarse a otras personas. Pueden dirigirse con franqueza a otras personas para que respeten y honren su privacidad, su integridad corporal y sus deseos con relación a recibir o no recibir ciertas formas de contacto.
En algunas ocasiones, puede ser muy difícil desarrollar y mantener actitudes positivas sobre nuestro cuerpo. Demasiadas personas tienen dificultades para tener un sentido sano del cuerpo como resultado de experiencias de degradación o humillación por parte de otras personas, incluidos familiares y compañeros íntimos. Esta iglesia apoyará a todas las personas a la hora de afirmar y reclamar un sentido de sana sexualidad.
Esta iglesia llama la atención sobre el riesgo de aceptar normas de atractivo físico que excluyen a muchas personas, tales como las personas de la tercera edad y aquellas que tienen habilidades físicas diferentes, y que distorsionan el entendimiento de lo que significa ser saludable. Los jóvenes, cuyos cuerpos están cambiando y creciendo, pueden ser especialmente vulnerables a las imágenes idealizadas y comercializadas de un "cuerpo perfecto" que se aprovechan de las inseguridades y un destructivo odio hacia uno mismo.
Un entendimiento integral de la interrelación del cuerpo, la mente y el espíritu desafía este entendimiento estrecho de la belleza. Nos capacita para una mejor afirmación de las muchas dimensiones de la belleza y para celebrar la variedad y particularidad humana. Esta iglesia está comprometida con la afirmación del valor, la belleza y la salud a lo largo de la vida del cuerpo humano y de la sexualidad humana. El bienestar físico, emocional, relacional y espiritual contribuye a una menor incidencia de conductas riesgosas para todas las personas, incluyendo la juventud. 41
Género y amistades
Esta iglesia también llama la atención sobre el inmenso valor que tiene la amistad para las personas en todas las etapas de la vida. La vida humana en una relación incluye muchas formas diferentes de gratificación por la compañía humana. Las amistades expresan nuestro anhelo de una conexión humana, del tacto y el crecimiento. Dejan espacio para la auto-revelación al abrigo de diferentes grados de compromiso y consideración mutua. La IELA alienta y celebra todas las situaciones e iniciativas que envuelven a las personas en las relaciones de amistad y confianza, tanto dentro como fuera de la comunidad de la iglesia. También reconoce la importancia de un fuerte apoyo social para las amistades.
Muchas de nuestras interpretaciones de nuestra propia sexualidad y relaciones sexuales se forman o promueven por medio de las conversaciones y confidencias con los amigos y amigas. Las amistades pueden ayudarnos a desarrollar un sentido de nuestra propia belleza y de la integridad de nuestros cuerpos. Así como con los progenitores o con familiares, quizás aprendamos de los amigos y amigas un sentido de afecto y de contacto seguro en relaciones confiables. La amistad, como la vida familiar, es una confianza que se puede traicionar, abusar y violar. También se debe reconocer que las amistades disfuncionales pueden ser perjudiciales para la salud, el desarrollo y el bienestar.
Esta iglesia hace un llamado a las personas para que sean amigos y amigas buenos y dignos de confianza, que se apoyen los unos a los otros en una compañía madura, sana y de autoconocimiento. Los amigos y amigas tienen la responsabilidad y el poder compartido de contradecir los mensajes degradantes y desmoralizantes de los medios de comunicación sobre la sexualidad, así como de superar los efectos de los abusos físicos y emocionales. Los amigos y amigas también tienen la responsabilidad de respetar los límites físicos y emocionales de unos y otros.
Las relaciones en la comunidad y el trabajo son esferas de la vida humana en las cuales pueden prosperar y prosperan las amistades y el compañerismo. También son lugares donde la confianza y la desconfianza se mezclan de maneras complicadas.
Algunas veces las amistades se vuelven sexuales en su sentido más estrecho de suscitar impulsos y estímulos abiertamente eróticos. El interés erótico entre personas adultas abiertas a la relación romántica puede ser una parte deseada del crecimiento de la confianza y la intimidad. El interés erótico puede también crear conflictos y peligro. Éstos tienen que ser enfrentados honestamente cuando una o las dos personas involucradas ya han hecho promesas de fidelidad a una tercera persona. También se deben reconocer los conflictos y peligros siempre que una de las personas involucradas no acepte una cercanía más profunda y complicada.
Reintroducir la distancia en ese tipo de amistades o romper con ellas representa una aceptación de pérdida que requiere valentía y madurez. La violación de las relaciones de confianza con propósitos sexuales es ofensiva, inaceptable y, en casos criminales, debe ser castigada de la manera correcta. Un atentado especialmente notorio contra la amistad es la violación sexual por parte de una persona conocida.
Compromiso y sexualidad
Los seres humanos son criaturas sexuales durante toda su vida. Por consiguiente, deben cultivar y manejar las relaciones a lo largo de un espectro que va desde las asociaciones casuales hasta la intimidad intensa. La profundización de la confianza y el compromiso es un largo proceso que requiere atención deliberada y esfuerzo. Reconocerlo provee una manera de pensar acerca de cómo las personas seleccionan parejas de por vida y sobre su conducta sexual en ese proceso.
Ya sea adolescente, persona adulta joven, de edad madura o de la tercera edad, las parejas pasan de sus primeros encuentros a una travesía continua de conocimiento creciente, apreciación y confianza mutua. Esta travesía incluye las dimensiones de entendimiento espiritual, emocional, intelectual y físico de sí mismo. Cuando estas dimensiones se desarrollan en proporciones similares, la confianza y el confiar quedan establecidos y asegurados. Cuando no están equilibradas, la confianza puede ser inexistente, o puede desintegrarse.
Así como en una relación se establecen la confianza y la entrega, la expresión física se vuelve más íntima de manera natural. Esto es, se espera que la intimidad sexual pase por ese mismo patrón de crecimiento marcado por las otras dimensiones del propio entendimiento mutuo.
Por esta razón, esta iglesia enseña que los grados de intimidad física deben ir cuidadosamente de la mano de los grados de creciente afecto y compromiso. Esto también sugiere una manera de entender por qué esta iglesia ha enseñado que la más grandes intimidades físicas, como en el coito, deben ser igualadas y protegidas tanto por el nivel más alto de compromiso vinculante como por la protección social y legal, tal y como se encuentra en el matrimonio. Es aquí que las promesas de fidelidad y de responsabilidad pública que proveen la base fundacional y el apoyo para la confianza, la intimidad y la seguridad, especialmente para quienes son más vulnerables.
Ésta es la razón por la cual esta iglesia se opone a relaciones sexuales no monógamas, promiscuas o casuales de todo tipo. Dejarse llevar por los deseos inmediatos de satisfacción, sexual o de otro tipo, es “gratificar los deseos de la carne” (Gálatas 5:16-19). Tales encuentros pasajeros no permiten que la confianza en la relación cree el contexto para la confianza en la intimidad sexual.
Tales relaciones socavan la dignidad e integridad de las personas pues la intimidad física no va acompañada por el crecimiento del mutuo conocimiento de uno mismo. Con la ausencia de la confianza y del compromiso físico, emocional, intelectual y espiritual, tales relaciones sexuales pueden fácilmente lastimar a la persona misma y su capacidad futura para vivir en relaciones comprometidas y de confianza. Las relaciones fugaces hacen un mal uso del don de la intimidad sexual y es mucho más probable que sean injustas, abusivas y explotadoras.
Aunque esta iglesia desalienta vivamente tales relaciones, sin embargo insiste en que cada relación sexual implica una responsabilidad. Todas las personas sexualmente activas tienen la responsabilidad de proteger a su compañero o compañera sexual de daños tanto emocionales como físicos, así como de protegerse a sí mismos y a sus parejas de las enfermedades de transmisión sexual.
Intimidad sexual y cohabitación entre personas adultas
Muchas presiones contemporáneas alientan la cohabitación entre personas adultas. Cuando se pospone el matrimonio por años más allá de la madurez sexual física, las presiones por la intimidad emocional y física pueden aumentar. Las tendencias sociales en esta sociedad, tales como extender la educación escolar, la descendiente presión de los salarios y hasta el deseo de bodas costosas, también pueden fomentar la postergación.
Aunque algunas de esas tendencias son el resultado de opciones individuales, también pueden estar influenciadas por fuerzas sociales más amplias: el creciente número de matrimonios fracasados, la aceptación social del sexo casual y la fuerte influencia cultural del individualismo que ignora en gran medida la responsabilidad y confiabilidad social. Todos ellos son ejemplos de por qué muchos y muchas pueden poner en duda la necesidad de —e incluso la base lógica para— unas relaciones vinculantes.
Además, ciertas leyes y realidades económicas en esta sociedad pueden crear privaciones económicas extremas para algunas personas, incluyendo a adultos mayores, que desean estar legalmente casadas. Esta iglesia hace un llamado a modificar las leyes y los factores que crean un impedimento significativo para que tales personas se puedan casar.
Puesto que esta iglesia exhorta a las parejas a buscar el más alto nivel de apoyo social y legal para tales relaciones, no favorece los acuerdos de cohabitación fuera del matrimonio. Tiene una preocupación especial cuando tales acuerdos son concebidos como un fin en sí mismo. Reconoce, sin embargo, las fuerzas sociales en operación que fomentan tales prácticas. Esta iglesia también reconoce los asuntos pastorales y familiares que acompañan estos patrones sociales contemporáneos.
En los casos donde se toma la decisión de la cohabitación, e independientemente de las razones, esta iglesia espera que sus pastores y pastoras y su membresía sean claros con la pareja con respecto a las razones que sustentan la posición de esta iglesia y que apoyen a los miembros de la pareja para que reconozcan su obligación de estar abiertos y ser francos el uno con el otro sobre sus planes, expectativas y niveles de compromiso mutuo.
Debe señalarse que algunos acuerdos de cohabitación pueden ser construidos de manera que no sean casuales o intrínsecamente inestables. En las generaciones anteriores el compromiso de matrimonio conllevaba obligaciones similares a las del matrimonio. En ciertas situaciones, obligaciones convencionales y hasta legales acompañan los acuerdos de cohabitación. En algunos estados, por ejemplo, hay leyes que rigen “los matrimonios de hecho”. Tales acuerdos pueden diferir considerablemente de formas más pasajeras de cohabitación.
Esta iglesia cree, sin embargo, que la mejor forma de prestar un servicio al anhelo humano más profundo de un sentido de dignidad personal, compañía a largo plazo y profunda seguridad, especialmente si se tiene en cuenta la propensión humana al pecado, es por medio de un compromiso vinculante, protecciones legales y la responsabilidad pública del matrimonio, especialmente donde la pareja esté acompañada por las oraciones de la comunidad y las promesas de Dios.
VI Sexualidad y responsabilidad social
La sexualidad y la sociedad
Ni las personas ni las familias pueden tener éxito por sí solas; necesitan de comunidades sanas que les brinden su apoyo. 42 Las personas son profundamente sociales y, por lo tanto, están profundamente moldeadas por estas comunidades, incluso en sus momentos más privados e íntimos. Dada esta realidad, debemos apreciar la importante influencia, tanto positiva como negativa, de las fuerzas sociales y los contextos sociales en la conducta sexual humana.
Esta iglesia debe estar preparada para hacer oír su voz allá donde tales fuerzas causen daño. Se opondrá, en particular, a todas las formas de explotación sexual dentro y fuera de esta iglesia. La justicia para las mujeres en la iglesia y la sociedad debe continuar siendo una dimensión importante de la preocupación y acción luterana.
Esta iglesia también atenderá a la necesidad de igualdad de protección, igualdad de oportunidades e igualdad de responsabilidades ante la ley, así como a la necesidad de un trato justo para aquellas personas con una orientación sexual e identidad de género diferentes. Tales personas están desproporcionada y negativamente afectadas por patrones de estigma, discriminación y abuso. De igual manera, atenderá las necesidades particulares de los hijos y las hijas y de las familias de aquellas personas con diferencias tangibles o percibidas de orientación sexual o identidad de género porque son especialmente vulnerables a los abusos verbales, físicos, emocionales, espirituales, psicológicos y sexuales.
Esta iglesia señala con gran preocupación la mercantilización pública 43 del cuerpo humano como un bien económico. El cuerpo sexual nunca se debe utilizar como un objeto con fines comerciales y esta iglesia levantará la voz contra la idolatría pública del placer, la libertad y la riqueza que cimienta tales prácticas.
Especialmente deplorable es el multimillonario mercado global del sexo y los sistemas económicos que prosperan con su uso, tanto en Estados Unidos como en el extranjero. 44 Las personas atrapadas en este sistema salen dañadas, y con frecuencia destruidas, por la degradación, los abusos y, en ocasiones, la tortura. Las compañías que se benefician de esta actividad económica tienen que ser identificadas y denunciadas vigorosamente. Esta iglesia apoya la elaboración de convenios internacionales y leyes nacionales para prevenir estas prácticas.
La posibilidad de una ganancia no es una base moral suficiente para utilizar la sexualidad humana con fines que dañen a las personas o socaven la confianza social. 45 La IELA se opone a la venta y compra de pornografía. También se opone a los esfuerzos comerciales y tecnológicos por vender sexo, incluyendo los medios de comunicación y la mercadotecnia comercial, puesto que afectan negativamente a las personas y la sociedad de maneras significativas.
La responsabilidad cristiana incluye mencionar por su nombre las fuerzas económicas y monitorear las formas en que éstas constriñen o apoyan las estructuras sociales y elecciones individuales sanas. Esta iglesia abogará contra todo lo que socave sistemáticamente los esfuerzos por criar niños y niñas sanas y por edificar matrimonios sólidos y relaciones de confianza, incluido la representación de la sexualidad responsable como anormal y gravosa y de la actividad sexual promiscua como normal y libre de consecuencias.
Esta iglesia reaccionará ante situaciones en que los negocios y las empresas corporativas se beneficien por medio del tratamiento indecoroso del cuerpo humano. Esta iglesia cooperará con instituciones públicas y privadas 46 para crear estructuras, políticas y prácticas de responsabilidad con el fin de apoyar las normas sociales de protección. Éstas incluyen códigos de prácticas que protegen a la sociedad, especialmente a la niñez y a quienes son más vulnerables, del mal uso y abuso de la sexualidad por lucro.
Esta iglesia colaborará con todas las personas para elaborar leyes justas e integrales dirigidas especialmente a proteger a las personas más débiles y vulnerables de entre nosotros, especialmente a los niños y niñas, de las diferentes agresiones sexuales.
Esta iglesia apoya el desarrollo y uso de productos médicos, control de la natalidad e iniciativas que apoyen una sexualidad plena y responsable. Esta iglesia también reconoce el papel importante que la disponibilidad del control de la natalidad ha jugado a la hora de permitir a mujeres y hombres el tomar decisiones responsables sobre tener y criar hijos e hijas.
Esta iglesia, en su preocupación por el prójimo, tiene la responsabilidad de preocuparse por las cuestiones de salud pública. Todas las personas que han contraído una enfermedad de transmisión sexual tienen la total responsabilidad de informar a sus parejas sexuales y a todos los que estén en riesgo.
Se debe tener precaución en los materiales y procesos de la educación sexual para informar sobre los peligros de enfermedades sin enseñar que la expresión sexual es intrínsecamente sucia y peligrosa. Se deben apoyar los esfuerzos de educación pública y protección contra la enfermedad. Esto incluye los esfuerzos que desafían los estigmas y discriminación, especialmente contra quienes viven con y están afectados por el VIH y el SIDA. Esta iglesia, incluidas sus instituciones y agencias, debe ser un compañero activo en los debates sobre cómo abordar y contener las epidemias de tales enfermedades.
Esta iglesia apoya las prácticas y políticas sociales que fomentan el crecimiento de las relaciones sanas y cuestionará públicamente a aquellas personas que erosionen la confianza social o socaven las estructuras dentro de las cuales se aprende y se preserva la confianza. Las preocupaciones tradicionales de esta iglesia por la justicia social y la protección de los vulnerables también guiarán sus enseñanzas y prácticas en relación a la confianza social y la sexualidad.
Sexualidad y ministerio público
Esta iglesia no tolera el abuso del cargo ministerial para obtener una gratificación sexual personal. Esta iglesia tiene grandes expectativas para aquellas personas llamadas a servir como líderes en el listado de la iglesia. Los pastores y las pastoras, asociados y asociadas en el ministerio, diáconos y diaconisas y ministros diaconales que abusen de la confianza que se les ha concedido involucrándose en relaciones promíscuas, de infidelidad, adulterio o formas de abuso sexual violan esas altas expectativas. Tales violaciones causan daños graves a la credibilidad del ministerio público al cual esta iglesia y sus líderes han sido llamados y llamadas.
Sexualidad en el lugar de trabajo
En todos los lugares de trabajo, los supervisores y las supervisoras, colegas, profesionales y clientes tienen que negociar estas relaciones complejas. La dimensión sexual de estas relaciones, en el sentido general y a veces más específicamente en el sentido erótico, necesita ser reconocida con honestidad.
Los empleadores y las empleadoras y los supervisores y las supervisoras, inclusive dentro de esta iglesia, deben prestar especial atención a las relaciones de trabajo entre colegas, especialmente donde hay desigualdad de poder y donde el contexto de trabajo se transforma en sexualmente ofensivo u hostil a causa de la conducta de los compañeros y las compañeras de trabajo.
El lugar de trabajo exige la existencia de límites apropiados, mantenidos por medio del respeto, el sentido común, las mejores prácticas y las protecciones legales. Esta iglesia también se mantiene comprometida con sus propios esfuerzos de contribuir a convertir las congregaciones, sínodos y organización nacional en lugares seguros y saludables en los que vivir y trabajar. La IELA no tolerará el acoso sexual en el lugar de trabajo.
VII Conclusión
Sexualidad humana y discernimiento moral
Este pronunciamiento social se basa en la interpretación teológica fundacional de que las personas luteranas leen y entienden la Biblia a la luz de la muerte y resurrección de Jesucristo. La "buena nueva" del Evangelio de que estamos libres de la esclavitud del pecado (justificación ante Dios) nos permite responder a la misericordia del Dios Trino por medio del amor y servicio al prójimo (vocación en el mundo). El pronunciamiento social lo reafirma pues las promesas de Dios son dignas de confianza, cada uno de nosotros está llamado en la libertad cristiana a ser dignos de confianza en nuestras relaciones mutuas y a edificar instituciones y prácticas sociales que creen confianza.
Por el amor del Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, somos un pueblo liberado para llevar vidas de responsabilidad comprometido con la búsqueda del bien de todas las personas. Este pronunciamiento responde al llamado de esta iglesia por un marco de referencia fundacional 47 que la ayude a discernir lo que significa seguir fielmente la ley de Dios del amor en la crecientemente compleja esfera de la sexualidad humana. No ofrece respuestas definitivas a todas las preguntas contemporáneas. En cambio busca aprovechar las profundas raíces de las Escrituras y la tradición teológica luterana en la sabiduría, temas y convicciones cristianas específicas que ayuden a las personas de fe a discernir qué es una acción responsable y fiel en medio de las complejidades de la vida cotidiana.
El pronunciamiento propone guías para dirigir el discernimiento de esta iglesia en sus intentos por ser fiel. Provee indicadores por medio de los cuales las decisiones individuales y comunales puedan ser puestas a prueba bajo la guía del Espíritu Santo. Busca describir las realidades sociales de estos tiempos y responder pastoralmente. Tanto como sea posible, también busca hablar en formas que puedan dirigirse tanto al diálogo religioso como al secular sobre estas cuestiones.
La necesidad de misericordia, siempre
Las vidas humanas están llenas de promesas rotas y confianza traicionada. No todas las personas saben cómo confiar y no todas las personas son dignas de confianza. Las relaciones se terminan porque se ha roto la confianza. Dada la finitud y el pecado, muchas cosas ocurren aún dentro de las relaciones más fuertes que amenazan la confianza. Entonces el perdón y la reconciliación se unen a la mutualidad y la justicia para sostener la confianza y el merecimiento de la confianza en las relaciones.
Buscando la guía del Espíritu, discernimos la dirección para vivir fielmente en términos de la sexualidad humana. Lo hacemos no en algún ámbito abstracto ideal, sino en medio de las complejidades, conflictos, penas, descubrimientos y alegrías de la verdadera vida social e individual. Es una tarea que esta iglesia acepta como comunidad redimida. Al estar, de manera simultánea, cautivas del pecado y, sin embargo, ser personas de fe liberadas y perdonadas, caminamos juntas de manera humilde pero valiente hacia el futuro prometido por Dios.
Resolución:
- Abrazar como iglesia nuestro legado de una rica tradición teológica que proclama el misericordioso amor de Dios expresado en Jesucristo como la base de nuestra salvación, esperanza y unidad, y hacer un llamado a la membresía de esta iglesia sobre la base del compromiso para encontrar formas de vivir juntos fielmente en medio de las desavenencias;
- Hacer un llamado a esta iglesia para afirmar los diferentes estudios creados para la serie de Unidos en una Jornada de Fe como recursos para la continua deliberación y discernimiento, y para conducir a la unidad programática de la Iglesia en la Sociedad para que mantenga su disponibilidad mientras continúe la demanda;
- Solicitar a la Oficina del Obispo Presidente que explore la viabilidad de desarrollar recursos litúrgicos para el uso de los y las líderes en el registro oficial de la iglesia, las personas y las familias a la hora del divorcio;
- Alentar a la Casa Editorial Augsburg Fortress a que considere desarrollar un currículo educativo con especial atención a las necesidades de niños y niñas y de adolecentes en escuela secundaria y preparatoria, y de sus padres, para la comprensión de los valores cristianos y la toma de decisiones responsables;
- Reconocer que organizaciones como Mujeres de la IELA, Hombres Luteranos en Misión, la Organización Juvenil Luterana y los Ministerios Universitarios promuevan y apoyen las amistades; animarles a fomentar y celebrar el valor de las amistades sólidas y apoyar la formación de asociaciones de voluntarios para promoverlas;
- Hacer un llamado a todas las congregaciones, pastores y pastoras y otros líderes en el registro oficial de la iglesia para recibir a todo el mundo con los brazos abiertos de acuerdo con resoluciones previas de la Asamblea Nacional, tal como se reafirmó en la Asamblea Nacional de 2005 (CA05.05.18) y ayudar a la membresía a entender lo que significa ser hospitalarios con todas las personas en el nombre de Cristo independientemente de su orientación sexual;
- Hacer un llamado a la IELA para enmendar las disposiciones de elegibilidad de la Programa de Pensiones y Otros Beneficios de la IELA con el fin de incluir a personas en matrimonios de parejas del mismo género sexual, uniones civiles y asociaciones domésticas, de manera consistente con las leyes estatales y federales aplicables;
- Hacer un llamado a esta iglesia para alentar la disponibilidad y financiamiento de programas completos de educación sexual en las escuelas públicas, así como en las escuelas privadas luteranas;
- Afirmar el Mensaje de la IELA de 2001, Explotación Sexual Comercial 48, y su continuo valor para la misión y ministerio de la IELA;
- Hacer un llamado a los ministerios de incidencia de los derechos humanos y responsabilidad social corporativa de esta iglesia para que apoyen y defiendan medidas consistentes con este pronunciamiento social;
- Expresar aprecio por el trabajo llevado a cabo por la organización nacional, los sínodos, las instituciones y las congregaciones para prevenir el acoso y mala conducta sexual; alentar el fortalecimiento de estos esfuerzos por parte de todas las expresiones y ministerios de esta iglesia, y asegurar la disponibilidad de recursos eficaces para lidiar con la incorrecta conducta sexual y el acoso sexual dentro de esta iglesia.
- Hacer un llamado a los profesores y profesoras, teólogos, obispos, pastores y pastoras, ministros diaconales, asociadas y asociados en el ministerio, diáconos y diaconisas, educadores y otros para que continúen profundizando la reflexión teológica y bíblica así como la comprensión teórica y práctica de la sexualidad humana por medio del discurso intelectual, la deliberación moral, la investigación continua, el debate y los escritos;
- Reconocer que la IELA [ha adoptado] 49 una estrategia que guiará su respuesta a la epidemia del VIH y SIDA, y hacer un llamamiento a todas las unidades y expresiones de esta iglesia a apoyar esa estrategia;
- Hacer un llamado a todas las congregaciones, sínodos, centros de educación preescolar, escuelas primarias y secundarias (también conocidas como superiores en algunos sitios de El Caribe), facultades y universidades, seminarios, capellanías universitarias, ministerios al aire libre, organizaciones de ministerio social, ministerios de incidencia de los derechos humanos para las políticas públicas y a todas las unidades de la organización nacional para que promuevan la esencia y el espíritu de este pronunciamiento; y
- Hacer un llamado a la Iglesia en la Sociedad y a otras unidades apropiadas de la organización nacional para que supervisen el proceso de implementación y responsabilidad legal de este pronunciamiento social e informen de la implementación al Consejo Eclesial a principios de 2012.
Notas Finales
- Prójimo, tal como se utiliza en este pronunciamiento, tiene diferentes significados. Frecuentemente suele seguir el uso en Mateo 22, donde Jesús claramente se refiere a la familia, las amistades, los compañeros y compañeras de trabajo y las personas conocidas de la comunidad. Pero también se puede ampliar para incluir a grupos y redes sociales amplias, que también son importantes en las Escrituras (Gálatas 6:10). El significado aquí depende del contexto.
- La confianza, como se utiliza en este pronunciamiento, es una característica fundamental de la relación adecuada. Dios es digno de una confianza inalterable para con nosotros y para con toda la creación. Al igual que aprendemos por la fe que una relación correcta con Dios es una relación de confianza y no una auto-afirmación rebelde, una relación correcta con el prójimo es aquella en la que cada persona busca ser verdaderamente digna de la confianza de la otra persona. Ese merecimiento de la confianza, que promueve y puede llevar sobre sus espaldas el peso de la confianza de los demás, se revela como un valor central a valorar y promover. Las promesas rotas y la confianza traicionada por las mentiras, la explotación y el comportamiento manipulador se exponen no sólo como una falla individual sino como un ataque a los fundamentos de nuestras vidas como seres sociales. La confianza se malinterpreta si se reduce a una emoción, un principio abstracto o una virtud de la disposición de uno, aunque todos estos aspectos sugieren su papel multidimensional como uno de los ejes de la vida humana.
- En El Yo Responsable (1963) H. Richard Niebuhr fijó un nuevo curso para la reflexión ética cristiana al tratar la confianza como el centro del pensamiento cristiano en base a la cuestión de la confianza o desconfianza de Dios como opción fundamental en la existencia humana. En términos de relaciones humanas, escribió: "La fe como confianza o desconfianza acompaña a todos nuestros encuentros con los demás y califica todas nuestras respuestas" (118). Filósofos y teóricos como Hannah Arendt (La Condición Humana, 1958) y Michael Polanyi (Conocimiento Personal, 1958) han anticipado la reflexión sobre la centralidad de la promesa y las redes de confianza en los conocimientos y asuntos humanos. Algunos expertos en ciencias sociales han empezado a identificar la confianza social como característica indispensable de la salud de organizaciones, instituciones y sociedades enteras, y la desconfianza social como una de las fuerzas destructivas que intervienen en la descomposición y disolución de las estructuras sociales. Tales reflexiones operan como fondo de este pronunciamiento.
- Cada “sola” señala en la dirección del mismo evento salvador. Esto es, juntas proclaman la centralidad de Jesucristo para los Evangelios, cada una percibida desde una dimensión diferente. Otras dimensiones de la obra salvadora de Dios, otras “solas”, también han sido asociadas con el luteranismo. Especialmente en el siglo diecinueve, los luteranos empezaron a enfatizar sola Scriptura, aunque las Confesiones rara vez utilizaron esa frase. Lo más frecuente era que Lutero hablara de la Palabra de Dios sola (soli Verbo) con lo cual se refería fundamentalmente a la proclamación oral del Evangelio. Para consultar una fuente clave que sugiere las “solas” incluidas aquí, véase La Apología de la Confesión de Augsburgo, III, 62 en el El Libro de Concordia: Las Confesiones de la Iglesia Evangélica Luterana], Editor: Dr. Andrés A. Meléndez. (Casa Editorial St. Louis. 1989).
- Martín Lutero, The Freedom of a Christian en Luther’s Works 31 [Obras de Lutero 31] (Filadelfia: Muhlenberg Press, 1957), 344. Este tratado también está disponible como parte de Three Treatises [Tres Tratados], impresión de tres ensayos clave desde 1520 (Filadelfia: Fortress Press, 1973), 277. (En español: Martín Lutero, La Libertad Cristiana. Ediciones La Aurora. Clásicos de la Reforma. Buenos Aires, 1983, Pág. 50)
- Lutero escribió que este libro "contiene la totalidad de la vida cristiana de forma abreviada, siempre que uno entienda su significado". Ibíd., 343. Véase también la introducción del editor, 329.
- Esta cita está tomada del prólogo de Martín Lutero a la tesis doctoral publicada sobre la justificación, obra de Peter Palladius, quien las defendía ante la facultad de teólogos de Wittenberg el 1 de junio de 1537 (Luthers Werke: Kritische Gesamtausgabe/ [/Schriften/], 65 vols. Weimar: H. Böhlau, 1883-1993. En lo sucesivo identificado por "WA") 39 I, 205, 2–5) Para las Confesiones Luteranas, el artículo de la justificación es central para todas las enseñanzas de la iglesia. Véase, por ejemplo, The Formula of Concord, Solid Declaration, [La Fórmula de Concordia, Declaración Firme], III.6 (BC 2000: 563) citando la Apología, IV. 2-3 (BC 2000: 120) y los comentarios de Lutero al Salmo 117 (Luther’s Works [Obras de Lutero] 14:37). La conexión con la ética se demuestra en la Confesión de Augsburgo, IV-VI y XX y la Apología, art. IV, especialmente el párr. 122-182 (BC 2000: 140–49).
- Por mencionar un ejemplo de cómo describe Martín Lutero a las criaturas como las manos, los canales y los medios a través de los cuales Dios crea y bendice continuamente, véase El Catecismo Mayor, Los Diez Mandamientos, párr. 26, 389, en El Libro de Concordia, eds. Kolb y Wengert,
- "No hay esperanza en el intento —con el origen y naturaleza de la humanidad en mente— de dar un gigantesco paso hacia atrás al mundo del principio perdido, de buscar conocer por nosotros mismos cómo era la humanidad en su estado original e identificar nuestro propio ideal de humanidad con lo que Dios ha creado realmente. No es capaz de reconocer que sólo desde el Cristo podemos conocer la naturaleza original de la humanidad... Sólo en el medio, como ésos que viven desde Cristo, tenemos conocimiento del principio". Dietrich Bonhoeffer, Creation and Fall: A Theological Exposition of Genesis 1–3 (Creación y Caída: Exposición teológica de Génesis 1-3), ed. John W. de Gruchy (Minneapolis: Fortress Press, 1997), 62.
- Véase Martín Lutero, Temporal Authority: To What Extent It Should Be Obeyed (Autoridad temporal: hasta qué punto debe obedecerse) en The Christian in Society (El cristiano en la sociedad) Obras de Lutero 45 (Filadelfia: Muhlenberg Press, 1962) 75-129. El término "tercer uso" de la ley, que no ha sido nombrado aquí, indica el papel de la ley para guiar a la comunidad cristiana en su intento por orientar y conducir sus vidas; recibe una atención significativa en la Fórmula de Concordia. Este pronunciamiento social racionaliza su debate sobre la ley al centrarse únicamente en los "dos usos", pero sí reconoce el papel de la ley como guía para el pueblo cristiano. Puesto que el tercer uso está definido en las Confesiones como el uso civil de la ley por las personas arrepentidas y por quienes vuelven a nacer que guardan la ley con un espíritu dispuesto, esto parece garantizado. Véase La Fórmula de Concordia, Epítome, VI.6, 502 en: El Libro de Concordia, eds. Kolb y Wengert.
- Artículos de Esmalcalda III.2, 311-12 en: El Libro de Concordia, eds. Kolb y Wengert.
- En la teología luterana estas estructuras han sido frecuentemente llamadas "órdenes de la creación" para expresar la idea de que existen como estructuras que Dios utiliza para ordenar la vida humana. El origen del término "órdenes de la creación" y su conceptualización original puede ubicarse en Christoph Adolf von Harleß (véase Christliche Ethik, 7th ed. [Gütersloh: Bertelsmann, 1875], 491) quien propuso este término para destacar la naturaleza provisional de las estructuras sociales humanas. Pronto fue vinculado a una noción estática de la creación y la idea de “órdenes” empezó a entenderse como actos fijos de Dios hechos de una vez y por todas en el pasado.
Como tal llegaron a indicar el establecimiento de la sociedad humana en una jerarquía de estructuras sociales fijas e inmutables. En base a esto, en cierto momento algunos teólogos luteranos objetaron a los desarrollos democráticos en los estados modernos en base al derecho divino de los reyes, defendieron la legitimidad del régimen de Hitler o rechazaron la ordenación de mujeres como algo contrario a la naturaleza. Aunque "los órdenes de la creación" también han sido teológicamente enriquecedores dentro de la tradición luterana, el concepto de estructuras sociales se utiliza aquí porque es menos técnico y sugiere mejor la continua actividad creadora de Dios para formar y reformar las estructuras sociales para la protección y bien de los seres humanos.
- Confesión de Augsburgo, XVI, 48-52; Apología, XVI, 231-33; Catecismo Menor, Household Chart, 365-67; Catecismo Mayor, Los Diez Mandamientos, 400-25 en: El Libro de Concordia, eds. Kolb y Wengert.
- El Catecismo Menor, Los Diez Mandamientos, párr. 12, 353 en: El Libro de Concordia, eds. Kolb y Wengert.
- "Los reformadores luteranos desarrollaron una aproximación útil para lidiar con cuestiones de moralidad y ética. Sirve tanto para salvaguardar el Evangelio contra las tentaciones de requisitos adicionales a la gracia de Dios, y para ver dentro de qué contexto se pueden abordar las cuestiones de familia, matrimonio y sexualidad humana desde un punto de vista luterano. Por lo tanto, sugerimos que la doctrina de los dos reinos se puede aplicar como herramienta útil para lidiar con estas cuestiones". Federación Luterana Mundial: Matrimonio, Familia y Sexualidad Humana Directrices y procesos propuestos para el diálogo respetuoso, Informe de la FLM, 6. www.lutheranworld.org/Council/2007/20070322-Council.html (1 de febrero, 2009) (El sitio en internet para el informe se puede encontrar en la parte inferior de la página de internet). Este informe fue recibido en el Consejo de la FLM en marzo de 2007 y fue recomendado a las iglesias asociadas de la FLM.
- Esta enseñanza sobre los dos reinos de la acción de Dios se suele llamar la "doctrina de los dos reinos". Véase óp. cit. Obras de Lutero, vol. 45, especialmente 88-93.
- El tradicional énfasis luterano en la educación se deriva, en parte, de su interpretación como foro para el servicio al prójimo. Véase Our Calling in Education (Nuestro llamado en la educación) (Chicago: IELA, 2007), 7–10.
- Este pronunciamiento intenta mantener las distinciones establecidas con frecuencia entre "sexual/sexualidad", "sexo" y "género". Por lo general, "sexual/sexualidad" se refiere aquí a hechos biológicos, mientras que "sexo" se refiere al comportamiento, como en "tener sexo". "Género" se reserva, en la mayoría de los casos, para designar las clasificaciones e interpretaciones sociales y culturales de biología y comportamiento. Estas distinciones son, por supuesto, difíciles de mantener con precisión, pero son consistentes con las definiciones del diccionario. Las siguientes definiciones seleccionadas están tomadas de William Morris, ed., The American Heritage Dictionary of the English Language (Boston: American Heritage Publishing Co., Inc., 1969–1970.): Sexualidad: "La cualidad de poseer un carácter o potencia sexual". Sexo: "El impulso o instinto sexual como se manifiesta en el comportamiento", o "Relaciones sexuales"; Género: "Clasificación de sexo".
- Una fuente excelente en la literatura es el teórico Niklas Luhmann. Véase Trust and Power: Two Works by Niklas Luhmann (Confianza y Poder: Dos Obras por Niklas Luhmann); trad. Howard Davis, John Raffan, Kathryn Rooney Chichester (Nueva York: John Wiley e Hijos, 1979).
- Las Escrituras utilizan las palabras obediencia (Romanos 13) u honor (Éxodo 20) no para referirse al seguimiento servil de las reglas, sino a la relación de confianza mutua de la que se habla aquí, en la que el pecador arrepentido responde por voluntad propia a las órdenes de Dios. Lutero capta bien esta actitud de los textos de las Escrituras en su exposición del cuarto mandamiento en El Catecismo Mayor, Los Diez Mandamientos, especialmente en el párr. 167-178, 409, en: El Libro de Concordia, eds. Kolb y Wengert.
- No es ningún accidente, por ejemplo, que en economía la palabra "crédito" juegue un papel crucial y utilice una palabra de la misma raíz latina que "credo". Crédito literalmente significa "él o ella cree" que una persona pagará un préstamo.
- El Catecismo Menor, Los Diez Mandamientos, párr. 16, 353 en: El Libro de Concordia, eds. Kolb y Wengert.
- La versión latina de la Confesión de Augsburgo utiliza la palabra fiducia (confianza).
- En su explicación concluyente al sexto mandamiento, Lutero dice lo siguiente respecto al matrimonio: …es necesario ante todo que el hombre y la mujer convivan en amor y concordia, amándose el uno al otro de todo corazón y con toda fidelidad” Libro de Concordia. Pág. 417.
- Véanse las actas del Consejo Eclesial de la IELA de 1993 y las actas de las Asambleas Nacionales de 1991, 1993, 1995 y 1999 respectivamente. CC93.03.37; CA91.07.51; CA93.03.4; CA95.6.50; CA99.06.27. Estas resoluciones se pueden encontrar en www.elca.org.
- "La diferencia entre quienes hacen la interpretación no se debe entender como un conflicto entre quienes buscan ser "fieles a las Escrituras" y quienes buscan 'adaptar la Biblia' a sus gustos personales. Los desencuentros son genuinos". Ésta es la conclusión del Dr. Arland J. Hultgren y el Dr. Walter F. Taylor Jr. Ambos son miembros de la IELA y ambos son eruditos y profesores muy respetados. La cita es de Arland Hultgren y Walter Taylor, Ensayo Preliminar sobre Textos Bíblicos para Unidos en una Jornada de Fe, Parte Dos: La Iglesia y la Homosexualidad (Chicago: IELA, septiembre de 2003), 18. Este ensayo fue escrito a solicitud del Grupo de Trabajo para los Estudios de la IELA sobre la Sexualidad. Se puede acceder al mismo en: http://www.elca.org/faithfuljourney/historical (1 de febrero, 2009).
- El testimonio del Apóstol Pablo apunta a la conciencia como la responsabilidad moral incondicional de la persona ante Dios (Romanos 2:15-16). Considerando las diferentes conclusiones sobre qué constituye una acción responsable, el concepto de "la conciencia" se torna crucial.
Cuando está en juego la palabra clara de la acción salvífica de Dios por gracia por medio de la fe, la conciencia cristiana se vuelve tan firme como Pablo, quien se opuso a aquellos que insistían en la circuncisión. (Gálatas 1:8). De la misma manera que Lutero anunció en su juicio por herejía: "A no ser que se me persuada por el testimonio de las Escrituras y por un razonamiento claro... he sido conquistado por los pasajes de las Escrituras que he aducido y mi conciencia está cautiva de las palabras de Dios. Ni puedo ni deseo abjurar de nada cuando hacerlo contra mi conciencia no sería ni seguro ni sano" (WA 7: 838; Obras de Lutero 32:112).
Sin embargo, cuando la pregunta es sobre la moralidad o la práctica de la iglesia, el testimonio paulino y luterano es menos firme y cree que podríamos estar llamados a respetar la conciencia del prójimo. Esto es, si la salvación no está en juego en una cuestión particular, los cristianos y cristianas son libres de dar prioridad al bienestar del prójimo y protegerán la conciencia del prójimo que bien puede ver la misma cuestión de tal manera que afecte la propia fe. Por ejemplo, Pablo tenía confianza en que la libertad cristiana sfi
Este pronunciamiento social se basa en esta rica interpretación del papel de la conciencia y llama a esta iglesia, cuando esté en desacuerdo con respecto a cuestiones en las que la salvación no está en juego, incluyendo la sexualidad humana, a llevar la carga los unos de los otros (Gálatas 6:2) honrar la conciencia y buscar el bienestar del prójimo.
- Esto es evidente en el comentario de Lutero sobre las responsabilidades de los progenitores. Véase El Catecismo Menor, Prefacio, párr. 19-20, 350, y El Catecismo Mayor, Los Diez Mandamientos, párr. 167-78, 409-10 en: El Libro de Concordia, eds. Kolb y Wengert.
- Véase, por ejemplo, la referencia de Lutero al Cuarto Mandamiento mientras habla del Sexto: El Catecismo Mayor, Los Diez Mandamientos, párr. 167-78, 413 y siguientes; véase también párr. 206 y 218 en: El Libro de Concordia, eds. Kolb y Wengert.
- Éstas incluyen las leyes que rigen el matrimonio, la disolución del matrimonio, la herencia, la tutela, la custodia, la patria potestad y los deberes de los padres, las propiedades, las pensiones, la seguridad social, los impuestos y los beneficios médicos. La interdependencia y responsabilidades mutuas de parejas casadas son cruciales para crear tanto una unidad legal como un hogar de amor. Los padres y tutores están legalmente obligados a velar por el bienestar, sustento, protección y educación de sus hijos y prole.
- Tales tendencias incluyen un número significativo de padres ausentes física o psicológicamente hablando, y de adolescentes con responsabilidades como padres y madres para las cuales no están preparados. Esto incluye la resistencia de algunos hombres y mujeres a comprometerse en matrimonio. La presión sobre el matrimonio y las personas dentro del matrimonio contribuyen a la alta incidencia de divorcios con la preocupación adicional por los niños y otros familiares.
- Las Escrituras y las Confesiones Luteranas presuponen y promueven hogares, similares en algunos aspectos a este modelo, aunque históricamente y en la actualidad ha habido una amplia variedad que incluye otros familiares, jefes [y jefas] de familia que son viudas o viudos, trabajadores, y otros tantos.
- Este punto, con su respectiva información de apoyo, puede encontrarse en diversas fuentes. Una fuente es el intento de Don S. Browning por resumir y emplear esa información para una propuesta constructiva en Equality and the Family: A Fundamental, Practical Theology of Children, Mothers, and Fathers in Modern Societies (Igualdad y Familia: Una Teología Fundamental y Práctica de los Hijos, las Madres y los Padres en las Sociedades Modernas (Grand Rapids: Eerdmans Publishing Co., 2005). Véanse especialmente las citas en los capítulos cuatro y siete.
- Ibíd.
- "Explotación Sexual Comercial" (Chicago: IELA, 2001), 3.
- Ibíd., 1.
- Los informes eran bastante consistentes sobre estos puntos tanto en base a los casos de los que se tiene conocimiento como en encuestas informales entre la juventud y los líderes juveniles que asistieron a los talleres en 2007 y 2008 de Free in Christ to Care for the Neighbor: Lutheran Youth Talk about Human Sexuality [Libres en Cristo para Cuidar del Prójimo: Jóvenes Luteranos Hablan de la Sexualidad Humana] (Chicago: IELA, 2007).
- El pronunciamiento social de la IELA sobre El Aborto (Chicago: IELA, 1991), 4-5.
- Véanse los breves pero mordaces comentarios de Lutero con respecto a cómo el cuidado del propio cuerpo se debe entender como una obra cristiana en Freedom of a Christian (La Libertad Cristiana) en Career of the Reformer (Carrera del Reformista): Vol. I, Obras de Lutero 31 (St. Louis: Casa Editorial Concordia, 1957) 365.
- Algunos expertos calculan que hasta 1 de cada 1,500 bebés nace con un desorden del desarrollo sexual (DSD, por sus siglas en inglés). Véase www.apa.org/topics/intersx.htm (1 de febrero de 2009). La frase utilizada aquí, genitales ambiguos, es una forma de DSD e indica un defecto congénito en el que los genitales externos no tienen la típica apariencia de un niño o de una niña. Véase www.nlm.nih.gov/medlineplus/ency/article/003269.html (1 de febrero de 2009).
- Caring for Health: Our Shared Endeavor (El cuidado de la salud: Nuestra empresa compartida) (Chicago: IELA, 2003).
- Diversas investigaciones apoyan esta declaración en relación a la actividad sexual. Véase, por ejemplo, Peter C. Scales et al, Developmental Assets: A Synthesis of the Scientific Research on Adolescent Development (Ventajas para el Desarrollo: Síntesis de la Investigación Científica sobre el Desarrollo Adolescente) (Minneapolis: Search Institute Publications, 2004).
- Estadísticamente, cuanto más saludables sean tanto la familia como las instituciones comunitarias, más alto es el número de recursos de desarrollo que se encuentran entre sus miembros, especialmente los jóvenes. Las instituciones comunitarias fuertes tienen un impacto importante en disminuir la incidencia de comportamientos de riesgo entre los jóvenes, los cuales incluyen la actividad sexual íntima a edad temprana. La salud relativa de las instituciones de una comunidad, tales como las escuelas, las iglesias y las organizaciones cívicas, tiene una gran importancia. óp. cit. Benson.
- La transformación de cualquier bendición creada por Dios en una mercancía para comprarse y venderse.
- Este sistema de miles de millones de dólares suele estar perpetuado por condiciones de semi-esclavitud y directamente de esclavitud.
- “Mientras que la economía de mercado enfatiza lo que los individuos desean y están dispuestos y son capaces de adquirir, como personas de fe que somos, nosotros nos damos cuenta que lo que los seres humanos desean no es necesariamente lo que necesitan para el bien de sus vidas”. Sufficient, Sustainable Livelihood for All (Sustento Suficiente y Sustentable para Todos) (Chicago: IELA, 1999), 3.f
- Esto incluye muchas variedades de instituciones sociales, económicas y empresariales.
- La redacción de este pronunciamiento social fue un mandato de la Asamblea Nacional de la IELA de 2001. Se pueden encontrar referencias en las actas de la Asamblea Nacional de 2001, CA01.06.45.
- El mensaje de la IELA sobre "Explotación Sexual Comercial" (Chicago: IELA, 2001).
- El Consejo Eclesial de la IELA considerará la adopción de esta estrategia en su reunión de marzo del 2009.