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Todo tiene su momento oportuno, hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo
- Eclesiastés 3:1
24 de agosto de 2010
Queridas hermanas y hermanos en Cristo:
Durante una reciente caminata matutina, reflexioné sobre las palabras familiares de Eclesiastés: "Todo tiene su momento oportuno, hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo" (Eclesiastés 3:1, Nueva Versión Internacional). Al caminar, oraba y reflexionaba sobre este momento en la vida de la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA, por sus siglas en inglés). Oro por que aprovechemos estos momentos para discernir y participar, para arrepentirse y reconciliarse, para ser moderados pero no tímidos, y para regocijarnos.
Un tiempo para discernir y participar
Por toda la ELCA, escucho que todo mundo pregunta: "¿Será escuchada mi voz? ¿Se respetará mi voz mientras tratamos de discernir juntos el propósito que Dios tiene para nosotros?" La respuesta es afirmativa. Sin embargo, las personas de fe profunda y con el deseo de formar parte de esta iglesia se preguntan: ¿Hablamos en serio al afirmar que podemos predicar, enseñar y tener opiniones divergentes sobre la sexualidad y participar plenamente de la vida y testimonio de la ELCA? Una vez más, la respuesta es afirmativa.
Ese "sí" que pronuncio con confianza se basa en nuestro compromiso compartido de participar juntos en el discernimiento. Este discernimiento es un trabajo arduo. Debe basarse en el testimonio de las Escrituras y las Confesiones, y necesita las voces de todo el pueblo bautizado. Requiere la guía del Espíritu Santo y que nos escuchemos los unos a los otros en oración, con disciplina y respeto.
Además, la fuente de mi "sí" confidente es el "sí" misericordioso que nos da Dios, proclamado en la vida, muerte y resurrección de Jesús. El "sí" de Jesús nos permite involucrarnos apasionadamente. Nos libera para hacer preguntas, tener conversaciones difíciles y ventilar diferencias y tensiones. Nos llama a ser evangelistas cotidianos, discerniendo juntos lo que significa la muerte y resurrección de Jesucristo para el mundo y para nuestra vida común.
Permitamos que nuestro compromiso compartido sea tal que nuestro discernimiento juntos sirva siempre a nuestra proclamación de Jesucristo en palabra y acción y nuestra participación en la misión de Dios para la vida del mundo.
Un tiempo para arrepentirse y reconciliarse
El momento más emotivo en la reciente asamblea de la Federación Luterana Mundial ocurrió cuando los luteranos pidieron perdón a Dios y a los menonitas por la violencia contra los cristianos anabaptistas en los tiempos de la Reforma y a través del legado ininterrumpido en las enseñanzas luteranas. Este acto público de arrepentimiento, con muchos delegados de rodillas, fue un emotivo testimonio de la sanación de las heridas en el cuerpo de Cristo, la iglesia.
Con lágrimas en los ojos, escuchamos promesas de la misericordia de Dios en Cristo y palabras de perdón de las hermanas y hermanos menonitas mientras recibíamos y compartíamos el don de Dios del perdón y la sanación.
Para mí, esta experiencia de reconciliación está subrayada en el quinto capítulo de 2 Corintios: el poderoso anuncio de que si alguien está en Cristo, hay una nueva creación. Esta nueva creación surge de Jesús, quien murió en lugar de dedicarse a hacer un recuento de los pecados.
Para nosotros, la implicación del poder transformador del Evangelio es que nos convirtamos en embajadores de Cristo. Dios nos ha confiado a cada uno de nosotros el mensaje y ministerio de la reconciliación.
Al tiempo que se forma otro cuerpo eclesial luterano, debemos preguntar cómo servirá esta separación en el cuerpo de Cristo al ministerio y mensaje de reconciliación que nos ha confiado Dios.
La ELCA ha tendido y seguirá tendiendo la mano a los demás en nombre del Evangelio y en servicio al prójimo. Al estar juntos de pie, somos conocidos como una iglesia que pone manos a la obra y soluciona los problemas, que es catalizadora, convoca a la unión y cierra brechas. Nuestras sólidas relaciones ecuménicas y asociaciones globales son testimonio de ese compromiso. Sin embargo, antes de que la ELCA pueda emprender un esfuerzo así con un nuevo cuerpo eclesial luterano, creo que debemos comprometernos a obedecer el mandamiento de no levantar falso testimonio y a vivir su significado en todo entorno, tanto privado como público: "Debemos temer y amar a Dios, de forma que no contemos mentiras de nuestro prójimo, lo traicionemos o calumniemos ni destruyamos su reputación. Más bien debemos acudir en su defensa, hablar bien de él e interpretar todo lo que haga de la mejor manera posible" (Evangelical Lutheran Worship, p. 1161).
Un tiempo para ser moderados pero no tímidos
Vivimos en un mundo aquejado por la incivilidad, los malentendidos intencionales y las caricaturas hirientes de aquellas personas con quienes se está en desacuerdo. Declaremos que le pondremos fin a tales comportamientos. Hay lugar en esta iglesia para las conversaciones animadas y los desacuerdos sobre cuestiones de fe y vida. Hay espacio en esta iglesia para el diálogo vigoroso que es testimonio de fe sin apresurarse a emitir un juicio y cerrar el debate.
Mostremos moderación en nuestros juicios y hablemos de manera benevolente entre nosotros y sobre las demás personas. No seamos tímidos al proclamar con valentía a Jesucristo y participar en la sanación del mundo por parte de Dios. Respondamos con generosidad, fe y valor a los gemidos de la creación y los gritos de la humanidad.
Un tiempo para regocijarse
Incluso en medio de los grandes retos de la economía y la iglesia, podemos regocijarnos porque el ministerio en el que participamos es un ministerio de la misericordia de Dios y la reconciliación en Cristo. Nuestro ministerio no gira en torno a nosotros, nuestras deficiencias ni nuestros problemas, pues proclamamos a Jesucristo. Nos regocijamos en el perdón que Dios ofrece en la pila bautismal y en la mesa, con la proclamación pública y garantía personal. Festejamos la reconciliación de Dios que derriba todos los muros de hostilidad y une a la humanidad en los lazos de Cristo. Nos deleitamos en la promesa de la nueva creación a la que Dios está dando vida en Cristo. Acogemos con alegría al mundo y a todos sus habitantes en amor y servicio. ¡Vaya motivo de regocijo!
Por tu palabra, Dios eterno, surgió tu creación y recibimos el aliento de vida. Por tu palabra, Dios eterno, la muerte ha sido vencida, Cristo se ha levantado de la tumba y recibimos una nueva vida en el poder de tu Espíritu. Que podamos proclamar con valentía la buena nueva por medio de nuestras palabras y acciones, regocijándonos siempre en tu poderosa presencia, por medio de Jesucristo, nuestro Señor resucitado. Amén (Evangelical Lutheran Worship, p. 75).
En la gracia de Dios,
Revdo. Mark S. Hanson
Obispo Presidente
Iglesia Evangélica Luterana en América
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